«En la medida que las leyes nacionales lo permitan y las entidades financieras lo establezcan, adoptar sistemas de Open Banking o asociarse con proveedores de este subsector, permitirá articular mejores productos y servicios financieros para todos.»
El Open Banking es un término novedoso en el mundo financiero, y lo quisiera explicar cómo la nueva tendencia en la que cada persona es dueña de su información bancaria y es quien decide con qué institución financiera compartir esos datos. Siendo precisamente el usuario final el principal beneficiario del Open Banking, ya que esta nueva preferencia busca que las entidades ofrezcan soluciones específicas y personalizadas a los clientes. Porque al compartir esta información el usuario puede acceder a más y mejores beneficios, como por ejemplo, respuesta más rápida a un crédito, mejores tasas de interés, flexibilidad, compra de cartera, entre otros.
Para que la banca abierta suceda hay muchos actores participando, entre ellos el canal por el que los datos viajan de una institución a otra. Ese canal o medio de transporte de los datos lo llamamos API (por sus siglas en inglés Application Programming Interface) y como todo medio de transporte, una API puede tener algunas características que la diferencian con otras, como su velocidad de conexión, la estabilidad con la conexión, la cantidad de instituciones bancarias a las que se puede conectar, en términos de experiencia cuántas llamadas al API acumula en cierto periodo y por último, pero no menos importante, la seguridad de respaldo de la información, que para el caso financiero debe ser una particularidad muy importante de tener en cuenta.
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Aunque México lideró la adopción del término Open Banking en la región, desde marzo de 2018 gracias a La Ley Fintech, en países de la Unión Europea y Reino Unido esta tendencia ha estado desde el año 2007. En Latinoamérica la regulación va avanzando lentamente, solo en Brasil ya hay una ley establecida liderada por el Banco Central. Cada país tiene la libertad de legislar su propia ley de Banca Abierta, y para el caso de México continuamos esperando las segundas leyes que determinen cómo va a ser el uso de las APIs.
Es decir, si el Open Banking es obligatorio, toda institución financiera y no financiera deberá contar con un desarrollo que permita el flujo de su data y la conexión con otra API de otra institución. Si por el contrario, el Open Banking es opcional, el uso de APIs seguirá siendo a discreción de cada empresa, sin necesidad de una estandarización de conexión, lo cual limitará un poco todos los beneficios que esta tendencia trae al consumidor final.
El Open Banking también se trata de un ganar-ganar para las entidades financieras ya que al compartirse de manera transparente los datos, ayuda a detener el fraude y generar una mayor competencia entre intermediarios y actores relevantes. En la medida que las leyes nacionales lo permitan y las entidades financieras lo establezcan, adoptar sistemas de Open Banking o asociarse con proveedores de este subsector, permitirá articular mejores productos y servicios financieros para todos los mexicanos.
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