«Estoy convencido que, aun cuando muchas organizaciones vayan a volver a la presencialidad, una gran cantidad lo hará sosteniendo esquemas de trabajos híbridos.»
De un modo u otro, la pandemia nos ha hecho cambiar a todos. Ser más abiertos a la experimentación y flexibles. No sólo las personas, sino también las organizaciones han tenido que hacer uso de la innovación y la adaptabilidad para salir adelante.
En general, toda situación de crisis o de cambio que se sostiene en el tiempo termina permeando en la cultura y facilitando que los nuevos hábitos y comportamientos se establezcan. Cuando eso sucede, estamos frente a una nueva realidad. Una vez más, esto es válido para las personas, y también para las organizaciones.
En este caso, creo que lo que está cambiando, y para siempre, son los esquemas de trabajo. Estoy convencido que, aun cuando muchas organizaciones vayan a volver a la presencialidad, una gran cantidad lo hará sosteniendo esquemas de trabajos híbridos. Es decir, con algunos colaboradores trabajando físicamente y otros remotos, o bien con todos los colaboradores trabajando algunos días físicamente y el resto remotos. Ante esta inminente nueva normalidad, me permito plantear algunas ideas y sugerencias respecto al tipo de actividades que deberían realizarse en una u otra modalidad.
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¿Qué tipo de actividades deberían ser presenciales nuevamente?
En principio, todas aquellas tareas que por necesidad o beneficio directo requieran de la interacción física entre las personas. Esto incluye actividades profesionales como ir al dentista, ir a un gimnasio, o atender a quién va a comer a un lugar. Y también, para aquellos que son trabajadores del conocimiento, actividades que requieren altas dosis de empatía. Por ejemplo, tener una conversación de despido, realizar un relevamiento de las condiciones de seguridad o ambientales de un espacio físico, etc.
Es sabido que la confianza se construye mucho más fuertemente cuando interactuamos cara a cara, por lo que cualquier nuevo proyecto o iniciativa debería intentar, al menos tener una reunión de inicio presencial. También, de ser posible, intentaría que los colaboradores tengan al menos un encuentro presencial por trimestre / semestre físico con colaboradores y líderes. Y es que es mucho más fácil construir unidad en un entorno remoto, cuando las personas desarrollan la cercanía que la presencialidad puede dar.
¿Qué debería ser remoto?
Aun los profesionales que realizan principalmente actividades presenciales tienen la posibilidad de remotizar en parte su trabajo. En principio, yo pondría el acento en todo aquello que requiera foco y concentración, o que no requiere estar interactuando en tiempo real con otros. Por ejemplo: tareas de análisis, preparación de informes o presentaciones, actividades de ideación, escritura, etc. En esta categoría se pueden incluir actividades que históricamente consideramos presenciales, como reuniones cortas de sincronización, seguimientos de avance, o presentaciones a clientes. En estos casos, la tecnología ayuda a que la virtualidad funcione. Por supuesto, suele ser mucho más rápido el cambio y efecto cuando los integrantes de los equipos que ya se conocen y están consolidados, etc.
¿Qué no debería ser ni lo uno ni lo otro?
Por último, creo que parte del proceso de cambio que mencionaba al principio abre una gran oportunidad en las organizaciones como es el revisar prácticas y procesos empresariales, y empezar a eliminar, reducir, automatizar o tercerizar aquellas actividades que no generan valor directo al negocio. En este aspecto, creo que estamos en un momento ideal para aplicar conceptos de «lean management», utilizar al máximo las posibilidades que brinda la tecnología y hacer limpieza de prácticas y procesos caducos.
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¿Qué otras cosas sumarían a la lista? ¿Ya empezaste a conversar de esquema híbridos de trabajo?