«La tecnología de interés público adopta mejores prácticas del diseño centrado en el ser humano, reingeniería de procesos y ciencia de datos para resolver retos sociales de una manera participativa e inclusiva, buscando aprender y mejorar continuamente para brindar resultados óptimos para las personas.»
A raíz de la necesidad de acelerar la transformación digital tanto de empresas como de instituciones públicas como respuesta a políticas de distanciamiento social por Covid-19, distintos gobiernos han puesto en marcha una serie de iniciativas ancladas en el aprovechamiento de herramientas digitales para dar continuidad a la actividad económica y a la prestación de servicios esenciales como la atención médica y la educación, así como para habilitar, en la medida de lo posible, el trabajo remoto. En este sentido, desde la comunidad de práctica de tecnología de interés público, ha surgido una oportunidad para dirigir la atención de la conversación hacia la importancia, más allá de la digitalización, de apropiarnos de la tecnología para el bien común; de desplegar expertise técnico al servicio del impacto social y de dialogar respecto al desarrollo e implementación ético y responsable de productos y servicios de tecnología.
¿Qué es la Tecnología de Interés Público?
Si bien su nombre es descriptivo, de acuerdo con la organización New America, la tecnología de interés público adopta mejores prácticas del diseño centrado en el ser humano, reingeniería de procesos y ciencia de datos para resolver retos sociales de una manera participativa e inclusiva, buscando aprender y mejorar continuamente para brindar resultados óptimos para las personas. Se trata de una comunidad diversa de profesionistas de distintas disciplinas que tienen como común denominador el uso de tecnologías digitales para la resolución de problemas públicos.
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¿Por qué políticas públicas ágiles?
Las políticas públicas cuentan con un ciclo de vida basado en su gestación, diseño, implementación y evaluación. Es común escuchar, principalmente a manera de queja, que la velocidad en la que suceden cambios desde el espacio público es mucho más lenta en comparación al sector privado, y qué decir en comparación a la velocidad en la que ocurre el desarrollo tecnológico. Para hacer frente a lo anterior, se propone aprovechar herramientas metodológicas de la gestión de proyectos «ágil» y aplicarlas al campo de las políticas públicas. En resumen:
- Un enfoque centrado en el público objetivo que atiende dicha política.
- Tolerancia a la incertidumbre.
- Flexibilidad en los tiempos.
- Comunicación efectiva, constante e informal entre actores clave.
- Contar con una serie de posibles respuestas para solucionar los retos públicos identificados; y
- No apegarse a un único plan, sino prototipar, probar, iterar y desechar aquello que no funciona para llevar a escala aquello que sí muestra el potencial de impacto deseado.
A más de un año de la pandemia y cercanos a iniciar una etapa de recuperación socioeconómica post Covid-19, resulta fundamental la colaboración multidisciplinaria y alianzas público-privadas para dar respuesta a los retos que vienen en materia de salud, empleo, educación, brechas de desigualdad y reconstrucción del tejido social. La intersección entre Tecnología de Interés Público y políticas públicas ágiles será clave para explorar el uso de herramientas digitales -y sus límites- para hacer frente a dichos retos de manera inclusiva.
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