«La seguridad corporativa no debe ser considerada como un gasto sino como una inversión que contribuye a maximizar las utilidades de la empresa, garantizando la continuidad del negocio.»
Henry Fayol, Padre de la Administración Moderna, en su libro Administration Industrielle et Générale publicado en 1916, definió las seis funciones principales de toda empresa e identificó entre ellas a la seguridad corporativa como una de las funciones fundamentales de la industria, con el siguiente objetivo: «salvaguardar propiedades y personas contra el robo, fuego, inundación, contrarrestar huelgas y felonías y de forma amplia todos los disturbios sociales que puedan poner en peligro el progreso e incluso la vida del negocio”.
Hoy, después de más de cien años, con un crecimiento desbordado de los riesgos de origen delictivo que generan un detrimento patrimonial importante en las empresas, afectando sus márgenes de utilidad y la continuidad del negocio, esta importante función administrativa, en muchas organizaciones, aun no forma parte de su estrategia corporativa, y sigue relegada solo al desarrollo de una función de vigilancia perimétrica orientada al control de accesos mediante el uso de guardias, y algún tipo de tecnología en seguridad, con una apocada participación en pequeñas investigaciones por hurtos menores.
No cuenta con capacidad, ni se le han asignado funciones para proteger todos los activos y procesos, participar en la planeación estratégica para el desarrollo de los negocios, y sin actuación transversal en todas las áreas de la empresa para la identificación, y prevención de un sinnúmero de riesgos que pueden afectar las operaciones. Incluso, en algunas organizaciones, la seguridad corporativa es considerada como un alto rubro en el gasto administrativo, que genera mínimos beneficios e incorporan sus funciones en las áreas de Recursos Humanos o Servicios Generales.
En el contexto actual, en el que se desarrollan las diferentes operaciones corporativas, y en donde cada vez más se necesitan mejores estrategias que garanticen su continuidad, toda empresa debería contar con una sólida estructura de seguridad corporativa que coadyuve al personal de dirección en el mejoramiento de las condiciones de seguridad, mediante la implementación de las mejores prácticas y el desarrollo de estrategias innovadoras, confiables y eficientes, para identificar, retardar, prevenir, evitar o afrontar adecuadamente las amenazas producidas por individuos extraños o propios de la empresa, con la intención de ocasionar pérdidas o daños a las personas, instalaciones, activos, procesos, operaciones o el buen nombre de ella, aprovechando las vulnerabilidades presentes en la actividad empresarial y, generando confianza y tranquilidad a todos los grupos de interés (Accionistas, empleados, clientes, proveedores, comunidad, autoridades, etc.) en el desarrollo de su objeto social.
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Actualmente, las empresas delincuenciales están integradas por profesionales expertos en distintas disciplinas que trabajan de forma organizada, utilizan tecnología avanzada e invierten tiempo y altas sumas de dinero en la planeación y ejecución de sus objetivos. Su portafolio incluye una diversidad de modalidades delictivas y la mejor forma de enfrentarlos y/o evitarlos es con personal especializado que ejecute una adecuada Administración y Gestión de Riesgos, metodología estructurada que permite manejar la incertidumbre relativa a unos factores de riesgo (amenazas y vulnerabilidades), a través de una secuencia de actividades que incluyen el establecimiento del contexto, la identificación, análisis y evaluación de riesgos, y a partir de allí, proponer e implementar las estrategias factibles y efectivas para evitarlos, reducirlos, controlarlos, dispersarlos, transferirlos y/o asumirlos por medio de recursos económicos y/o gerenciales buscando siempre la mejor relación costo – beneficio.
Es responsabilidad de la alta dirección de seguridad corporativa, realizar estos análisis y evaluaciones en cada uno de los procesos organizacionales de forma periódica, que permitan identificar los riesgos presentes en las operaciones, la probabilidad de ocurrencia y sus posibles consecuencias en caso de su materialización. El resultado será la proposición de diferentes cursos de acción para tratarlos y controlarlos adecuadamente, asegurando la reducción de las pérdidas que impactan negativamente los estados financieros y afectan la continuidad del negocio. Solo de esta forma se puede responder a la pregunta de cuáles son las verdaderas necesidades de seguridad corporativa requeridas por cada empresa de acuerdo con su entorno y actividad económica, y cuanto se debe invertir para el desarrollo de esta función administrativa.
Algunas recomendaciones que contribuyen a optimizar preliminarmente la seguridad corporativa:
- Diseñe una política corporativa de gestión de la seguridad, en donde la alta dirección y todos los miembros de la organización empresarial se comprometen a implementar y mejorar los sistemas de gestión, procedimientos, planes y programas (estratégicos y tácticos) necesarios para la protección de la integridad física de las personas, los activos (tangibles e intangibles), los procesos y las instalaciones con el fin de prevenir cualquier tipo de práctica delictiva, y en donde todos sean responsables en la adopción y mantenimiento de una cultura de seguridad y auto-protección, convirtiéndola en un estilo de vida.
- Implemente las mejores prácticas internacionales en seguridad, con el fin de evitar la materialización de cualquier tipo de riesgo o reducir la probabilidad de ocurrencia y sus consecuencias (ISO 31000, ISO 22300, ISO 28000, ISO 27000, Operador Económico Autorizado (OEA), etc.), e incorpore soluciones de tecnología avanzada para la simplificación de procesos y la protección de activos.
- Determine un procedimiento para establecer la criticidad de cada cargo y la confiabilidad de los empleados, que eviten y controlen las desviaciones del comportamiento. Los seres humanos somos el origen de las amenazas delictivas, y los estudios internacionales evidencian que el 70% de pérdidas son realizadas por el personal propio de la empresa.
- Desarrolle relaciones con las autoridades de seguridad del estado con el fin de convertirlos en aliados estratégicos, y establezca vínculos con otras empresas para analizar el comportamiento de la seguridad e implementar las mejores prácticas en la reducción de riesgos que utiliza cada una de ellas.
En conclusión, la seguridad corporativa no debe ser considerada como un gasto sino como una inversión que contribuye a maximizar las utilidades de la empresa, garantizando la continuidad del negocio. Es un proceso estratégico transversal dentro de la organización que puede aportar incontables beneficios corporativos, si se gestiona efectivamente.
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