«Las herramientas tecnológicas low-code o de bajo código, son aquellas herramientas que permiten crear y desarrollar un producto digital, en el espectro más amplio de la palabra, sin tener conocimientos técnicos avanzados.»
En la última década hemos escuchado hablar acerca de decenas de “nuevas tecnologías disruptivas” que prometían revolucionar para siempre la forma en la que producimos, trabajamos y vivimos. Algunas han logrado demostrar un impacto real en nuestro día a día, como la inteligencia artificial, mientras que otras, como blockchain, aún no han logrado dar el salto de ser una tecnología con potencial en la teoría, a tener un impacto real en la vida de las personas y las organizaciones.
Sin embargo, hay una nueva tendencia, que de forma silenciosa y sin tanta atención de la prensa y la academia, está logrando un impacto muy importante. Me refiero a las herramientas tecnológicas low-code o de bajo código, es decir, aquellas herramientas que permiten crear y desarrollar un producto digital, en el espectro más amplio de la palabra, sin tener conocimientos técnicos avanzados.
En el pasado reciente, para desarrollar una aplicación móvil, un software, o incluso un sitio web era necesario contar con formación y conocimientos avanzados en desarrollo o ingeniería, para diseñar un banner o un afiche era necesario contar con formación y conocimientos avanzados en diseño gráfico, y así repetidamente en decenas de casos.
Todas estas situaciones han generado históricamente grandes cuellos de botella en las empresas, principalmente en lo que refiere a la dependencia de los departamentos de TI. A lo largo de mi experiencia profesional en el campo de la tecnología, he llegado a la conclusión de que siempre hay escasez de recursos de TI en las empresas, independientemente del tamaño de las mismas. La carga de trabajo siempre es superior a los recursos disponibles, por lo cuál es muy difícil lograr que los equipos de TI puedan resolver problemas no críticos que están por fuera de su planificación, que generalmente es muy rígida.
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En este contexto es que surgen las herramientas low-code, permitiendo que personas sin conocimientos avanzados de tecnologías de la información puedan desarrollar sitios web, aplicaciones, procesos, entre otros productos digitales. Vale la pena notar que “sin conocimientos avanzados” no es lo mismo que “sin ningún conocimiento”. Para trabajar con este tipo de herramientas es necesario contar con ciertas habilidades digitales a nivel usuario.
Uno de los primeros casos de herramientas low-code adoptadas masivamente fue WordPress, que permitió que usuarios sin conocimientos avanzados puedan desarrollar y gestionar sus sitios web. Acto seguido, Canva vino a revolucionar el mundo del diseño gráfico con sus diseños “prefabricados”, que luego el usuario podía adaptar a sus necesidades. En ambos casos, el ahorro de dinero y tiempo por parte de los usuarios es muy notorio. Con el paso de los años han surgido centenas de herramientas low-code que buscan democratizar el desarrollo del mundo digital en diferentes áreas, como Bubble para el desarrollo de aplicaciones, Flokzu para la automatización de procesos o Zapier para conectar aplicaciones. Incluso, existen herramientas como Cogniflow que permiten agregar componentes de inteligencia artificial a un producto.
Como no todo puede ser color de rosas, este tipo de herramientas tienen algunas desventajas, entre las que se destacan los problemas de personalización. En general, estas herramientas están basadas en soluciones “pre-armadas”, por lo que las posibilidades de personalizar pueden ser un poco limitadas. Como ejemplo, los sitios web realizados en WordPress debe respetar la estructura general de la plantilla utilizada. Realizar cambios estructurales es muy complejo, y terminará requiriendo de la intervención de un desarrollador.
Entonces, ¿las tecnologías low-code implican un riesgo para los roles técnicos? Todo lo contrario. Este tipo de herramientas permiten que los desarrolladores no tengan que dedicar su tiempo en resolver problemas o situaciones poco desafiantes. Los recursos de TI se enfocarán cada vez más en tareas de altísima complejidad, generando así un círculo virtuoso que les permitirá crecer cada vez más como profesionales.
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