«Colombia tiene grandes oportunidades para consolidar el liderazgo de la movilidad sostenible en América Latina.»
La buena disposición del ejecutivo en cabeza del Presidente Iván Duque y del legislativo al mandó del congreso de la República para avanzar en la agenda de movilidad sostenible apoyada por la Asociación Nacional de Movilidad Sostenible, ha permitido ubicar a Colombia en el primer lugar en electromovilidad con 923 vehículos totalmente eléctricos (BEV) y 2.312 motos eléctricas en la región en el año 2019. Sin duda, la inclusión de buses eléctricos en los programas de renovación de la flota de transporte en el 2020, brindarán un escenario muy positivo para que las tecnologías cero y bajas emisiones sigan creciendo en Colombia.
Sin embargo, el camino es largo y requerimos seguir construyendo la agenda para que Colombia pueda contar con un transporte moderno, confortable, seguro y limpio eliminando enormes ineficiencias que hoy representa la flota vehicular en materia de emisiones, productividad y accidentalidad. En los últimos años, el parque automotor colombiano ha venido envejeciendo y actualmente la edad promedio de la población vehicular alcanza los 17 años compuestos por motores viejos y altamente ineficientes en consumo energético que generan más de 60 millones de toneladas de emisiones CO2.
Y el tema no es de poco calado, según el DNP, los costos en la salud asociados a la contaminación del aire urbano ascienden a $15,4 billones equivalentes al 1,93% del PIB de 2015, relacionados con 10.527 muertes al igual que con 67,8 millones de síntomas y enfermedades.
En Colombia la contaminación ambiental es la séptima causa de pérdida de años de vida saludable, por encima de otros factores como el colesterol elevado o los hábitos alimenticios nocivos; además, el material particulado causa el 17,6 % de todas las muertes por EPOC -enfermedad pulmonar obstructiva crónica-, de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS). La contaminación del aire es el resultado de políticas que incentivan la tenencia de medios de trasporte de bajos estándares y obsoletos, además de condicionar el ingreso de unidades más limpias, eficientes y seguras.
Con miras a reducir el progresivo gasto social por contaminación del aire, el país debe profundizar en los programas de transición hacia un sistema de transporte con tecnologías de cero y bajas emisiones, así como mejorar la calidad de los combustibles que se suministra en el territorio nacional.
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Medidas como la exclusión a la restricción de circulación de los vehículos híbridos en el Plan de Desarrollo de Bogotá, representa un espaldarazo importante para continuar avanzando hacia la movilidad sostenible. Los vehículos de impacto positivo (híbridos y eléctricos) son el presente del país para ayudar en la reducción de la huella de carbono y contener el calentamiento global.
Según cálculos de Andemos, Bogotá conseguiría una reducción de 705.000 toneladas de emisiones CO2 y un ahorro de 56.2 millones de galones en gasolina al año, si la flota de taxis fuera reemplazada por vehículos híbridos y eléctricos. De la misma forma si se renovara el parque de motos por tecnología eléctrica, el ahorro equivaldría a 462.000 toneladas de CO2; es decir que anualmente se dejarían de producir 1.167.000 toneladas de CO2 sólo en la capital colombiana.
La reglamentación de varios de los artículos 9 y 10 de la ley 1964 permitirá a las ciudades avanzar de manera importante en la infraestructura de carga tanto particular como pública. No obstante, se requiere implementar más iniciativas para continuar por la senda verde por lo que la Asociación ha propuesto un Plan Maestro de Movilidad Sostenible conformado por medidas prácticas como la restricción de la circulación de todos los vehículos mayores a 10 años (buses y camiones incluidos) y motos de más de 5 años, modificar el impuesto vehicular para que la sea progresivo según la edad del vehículo; implementar programas de incentivos fiscales a la reposición de vehículos particulares por la desintegración física de vehículos de más de 10 años que han sido muy exitosos en otros países como mecanismos para incentivar la demanda, transformar la flota de taxis con vehículos híbridos y eléctricos, asignar placas verdes a los vehículos de cero y bajas emisiones para reconocer fácilmente las nuevas tecnologías y aplicarles preferencias de circulación, parqueo, etc.
El país tiene importantes retos para modernizar la flota vehicular mediante nuevas políticas públicas, que permitan volver al estado más eficiente y mitigar el enorme gasto social asociado con mortalidades y morbilidades causadas tanto por la degradación del aire urbano como por la accidentalidad vial.
La nueva década iniciada en el 2020 plantea la oportunidad de garantizar el equilibrio entre el bienestar social, el cuidado del medio ambiente y el crecimiento del sector promoviendo la estandarización de políticas y normas en el territorio nacional, al igual que nutriendo nuestra hoja de ruta con las experiencias y buenas prácticas de otros países.
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