Desde hace ya unos años, la logística ha adoptado un rol principal en las estrategias de las empresas, y no solo por el período de pandemia o las eventualidades del contexto internacional como el conflicto en el Mar Rojo, la escasez de agua en el Canal de Panamá o bien, las disputas geopolíticas. Sino por un profundo cambio del comportamiento del consumidor.
La inmediatez, el acceso a información instantánea, la devolución de productos, la facilidad de pago y la accesibilidad a plataformas tecnológicas son algunos de los aspectos que se han incorporado en este comportamiento provocando una complejidad en las cadenas de suministro mucho mayor que en el pasado reciente.
No solo se trata de tener un buen producto a un precio competitivo, sino de tenerlo disponible y con la red necesaria para entregarlo en el menor tiempo posible.
El nivel de las compras por los canales de e-commerce alcanzó en el 2021 el nivel esperado que debería haber tenido en el 2028, es decir, fue exponencial, y aunque su ritmo de crecimiento ha bajado seguimos con un volumen mucho mayor al esperado.
Es por ello, que una buena estrategia en logística, un modelo flexible en la cadena de suministro, un buen planeamiento de la demanda y un control de stocks se han vuelto tan imprescindibles como una buena estrategia comercial.
Tener opciones multicanal de venta, inventarios cerca del consumidor final y una buena logística inversa son aspectos esenciales para el éxito de una empresa.
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Evidentemente, esto también ha afectado a las empresas de logística, donde han tenido que adaptarse a este nuevo comportamiento donde se exige una flexibilidad en el transporte, almacenamiento y distribución mucho más exigentes que hace solo unos años, donde el abanico de oferta de servicios se han vuelto imprescindibles para la sostenibilidad de estas compañías en el futuro.
Hace unos años había clientes que se transportaban esencialmente por vía aérea o marítima, tenían grandes centros de distribución y solían vender en sus espacios físicos en tiendas o multitiendas. Hoy se vende en tiendas físicas, donde se distribuye el producto en camiones B2B, también se hacen pedidos individuales para el consumidor final B2C, o bien, se envía directamente desde una página de e-commerce propia o bien de terceros. La rotación de los productos es más rápida, la variedad de artículos es mucho mayor y la logística reversa tiene un valor cada vez más relevante.
Es por ello que tanto las empresas de logística, como sus clientes deben tener una flexibilidad y adaptabilidad a las nuevas necesidades del consumidor mucho mayor y además lidiar con un contexto internacional incierto que hace que la digitalización, el aumento de productividad, la anticipación en la demanda y la visibilidad en la cadena logística sean elementos esenciales para asegurar el éxito futuro de las compañías.
En resumen, hoy predecir todos los escenarios, los cambios y alternativas se ha hecho casi imposible, por tanto, hay que conseguir tener un plan “líquido” para ser capaz, no de predecir, pero sí de adaptarse a cualquier situación en el futuro.
Es evidente que hay más retos en la logística por los cambios del consumidor, donde las políticas de sostenibilidad, el respeto al medio ambiente, la inclusión son factores también que contribuyen a esta nueva realidad compleja pero llena de oportunidades.
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