Cuando empezó la pandemia del COVID-19 y sus impactos económicos tan negativos hacia inicios de 2020, era difícil imaginar que en menos de dos años la economía lograría recuperar su tamaño. Sin embargo, se ha sentado un precedente muy positivo sobre la resiliencia de las diferentes economías ante este choque, incluso a pesar de lo desigual que ha sido el proceso de recuperación entre aquellas con capacidad de otorgar grandes estímulos frente a aquellas con un espacio fiscal y monetario más limitado. Así, aunque las medidas sin precedentes para apoyar la recuperación en economías como la de Estados Unidos permitieron que esta retomara sus niveles de PIB prepandémicos tan pronto como en la primera mitad de este año, economías como la colombiana continuaron con un proceso de recuperación más moderado, pero constante, que hacia el tercer trimestre del año nos permiten contar la misma historia.
Lo anterior, ha venido acompañado de la recuperación en el precio de los activos que, en el caso de Estados Unidos, ha ubicado nuevamente el índice S&P500 en máximos históricos y el precio de la vivienda en distintos países un 10% o 15% superior a los niveles de 2019. Situación que no ha sido igual para los mercados emergentes, donde todavía se presenta un rezago importante e incluso, se han presentado desvalorizaciones adicionales en los mercados de renta fija y en sus monedas.
Hacia adelante, es probable que la dinámica de reactivación de la economía continúe y en 2022 se sigan observando tasas de crecimiento positivas; aunque hay que reconocer que la expectativa sobre este ritmo de crecimiento para las diferentes regiones ha comenzado a moderarse y la alta carga de la deuda existente podría significar una menor capacidad de disponer de recursos para inversión, lo que se traduce en menores tasas de expansión de las economías a mediano y largo plazo.
Por otro lado, un factor que se ha convertido en el principal a considerar al momento de tomar decisiones de inversión es el comportamiento de la inflación, la cual se ha incrementado no solo por distorsiones en las cadenas de suministro globales sino por la sólida dinámica del gasto de los hogares. Por ahora, las autoridades monetarias a nivel mundial mantienen su discurso de que las presiones actuales serán transitorias, aunque es cierto que estas han sido más persistentes frente a lo inicialmente presupuestado. En materia de tasas de interés, esto podría significar una normalización monetaria más rápida como mecanismo para controlar la inflación; dinámica que de hecho se ha observado a lo largo de la segunda mitad del año en Latinoamérica y, más recientemente, en el caso colombiano. Sin embargo, se debe tener en cuenta que la recuperación económica en muchos casos no es completa: observamos que el mercado laboral se mantiene rezagado y su recuperación aún depende de unas condiciones financieras favorables.
En este contexto ¿Qué oportunidades de inversión existen?
En primera medida, la desvalorización que ha tenido el mercado de renta fija colombiano en lo corrido del año 2021 ha llevado a que las tasas de rentabilidad ofrecidas actualmente sean muy atractivas y, aunque es posible que la volatilidad continúe en los próximos meses por factores como el ciclo electoral o los posibles incrementos de tasas de interés en las economías avanzadas, el nivel promedio de tasa que alcanza la deuda pública colombiana (7.2%) se ubica casi 100 puntos básicos por encima del promedio histórico de los últimos 12 años. Es por esto que creemos que los inversionistas deberán centrar sus miradas en las oportunidades que se han abierto en este mercado.
Entre tanto, el dólar permanecerá como termómetro a nivel global para determinar el grado de exposición a economías emergentes. En el corto plazo, es evidente que el balance de riesgos mantiene la preferencia de los inversionistas por dólares. En adelante, debemos estar abiertos a la posibilidad de que el crecimiento de los diferentes países siga sorprendiendo positivamente, como ha sido hasta el momento, lo que debería favorecer los flujos de inversión hacia estos. En cualquier caso, en la medida que sobre el panorama económico permanezca cierta incertidumbre, el dólar debe permanecer como una alternativa de diversificación, con miras a aprovechar su fortaleza como activo refugio.
En lo relacionado con el mercado de acciones, Estados Unidos permanecerá como un mercado interesante de inversión y su resiliencia económica junto con un entorno de tasas reales bajas o negativas y sólidos resultados corporativos, lo favorece. Ahora bien, en medio de un escenario de presiones inflacionarias más persistentes y la expectativa de mayores aumentos sobre las tasas de interés, se deben favorecer compañías con buenas condiciones financieras, bajo apalancamiento y con una buena capacidad para fijar precios. En este mismo frente, la apuesta por mercados emergentes debe ser pensada a largo plazo, abordando con optimismo la recuperación de la situación económica actual.
Finalmente, el mercado accionario local refleja un rezago claro frente a la evolución de la economía. Es importante anotar que el potencial de valorización para 2022 que presentan las acciones colombianas es bastante amplio, lo cual no solo es resultado de las mayores utilidades sino que los precios de las acciones no se han ajustado a las mejores cifras de las compañías. Es por esto que reiteramos nuestro mensaje de que el mercado colombiano sigue siendo una buena alternativa de inversión de cara a los mejores resultados que esperamos para lo que resta de 2021 y el 2022 en la economía y las empresas.










