Ambidiestra se refiere a la capacidad de usar con la misma habilidad las extremidades de los dos lados. Deriva de las palabras latinas ambi, que significa ambos, y dext que significa cierto. En la antigüedad, en la edad media, los soldados ambidiestros eran apreciados por los gobernantes, que los tenían como guardias personales o como soldados de élite. Hoy en día, sin duda en el mundo del deporte es donde más relevancia tiene esta capacidad. Tenis, fútbol, baloncesto; está lleno de ejemplos.
Recientemente la selección femenina de fútbol española ha quedado campeona del mundo. Años de trabajo en la sombra, sin reconocimiento como profesionales hasta hace apenas un par de años, y logran lo que a los “chicos” les ha costado prácticamente un siglo. Sin duda, mucho del aprendizaje, habilidades técnicas, conocimiento, buen hacer de la profesión de la selección masculina se ha ido transfiriendo a la femenina y ha podido recortar en gran medida los plazos “naturales” para igualarse y probablemente para incluso superarla en los próximos campeonatos. El conocimiento no puede ser estanco, y lo que unos aprenden permite a otros llegar más lejos de lo que podían ni siquiera imaginar. Y como sociedad todos ganamos, ya que coloca en este caso a un país al frente de unos de los deportes mas importantes del mundo.
Como empresa, ¿Qué podemos aprender?, ¿qué puede aportar esta ambidiestría a las organizaciones en el entorno actual? Estamos inmersos en un mundo cada vez más exigente en el corto plazo a la par que cambiante. Ser buenos en lo que hoy hacemos aún sabiendo que parte de lo que hoy nos da de comer deberemos desaprenderlo para desarrollar nuevas habilidades. Para ser capaces de dar respuesta a este caos permanente debemos replantearnos muchos de los paradigmas que hasta ahora nos han sido válidos para que la empresa en la que trabajemos pueda existir.
Trabajar desde la exigencia (modo explotativo) en el uso adecuado de los recursos y a la vez ir tomando decisiones que nos den diferencia (modo explorativo) sólo es factible dando espacio a todas las capacidades existentes, y eso sin duda es un entorno mucho más complejo y diverso. Y es en esta gestión de la diversidad donde va a radicar una de las ventajas importantes en el management del siglo actual.
El talento es una de las materias primas más escasas de las organizaciones. Con las personas adecuadas incluso con pocos recursos se consiguen resultados excepcionales. Y si algo he aprendido en mis más de 25 años de experiencia es que da igual el sector y el entorno. Las personas que toman las decisiones valientes y adecuadas son las que se permiten seguir creciendo y existiendo. Detrás de todo negocio rentable alguien ha tomado decisiones difíciles.
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Digitalización, sostenibilidad, cambio climático, crisis energética, inmigración…. son muchas de las inquietudes que a cada uno nos preocupa y ocupa hoy en día, y que afecta a todas las organizaciones por igual. Sin duda es una oportunidad, porque tomando las mejores decisiones día a día podemos ser progresivamente mejores que con quién competimos. Ya aprendimos con Darwin que no es el tamaño, sino la capacidad de adaptarse la mejor ventaja competitiva que puede existir para sobrevivir.
Gestionar la diversidad supone saber dejar espacio al mejor talento existente, sin importar origen, raza, sexo, edad… Es por tanto imprescindible desarrollar un marco cultural de gestión que integre todas las capacidades disponibles, ser ambidiestro en toda su extensión se va a convertir en una de las principales ventajas competitivas, como ya lo fue en la historia con los guerreros o en el mundo del deporte como hoy en día.
Para lograrlo es imprescindible redefinir el modelo de liderazgo en las organizaciones, cómo queremos relacionarnos desde un plano mucho más humanista, natural, cercano, sencillo… Sin rebajar un ápice la exigencia y la ambición. No se trata de confundirlo con buenismo, muy al contrario.
Redefinir los modelos relacionales laborales tradicionales, dejar un espacio mucho más abierto al momento vital de cada persona. El talento son personas que tienen familia, inquietudes, enfermedades. Permitir que la vida personal y la profesional coexistan de modo natural es sin duda un reto empresarial, porque los clientes no dan segundas oportunidades.
Nadie dijo que fuera fácil, ser conscientes del reto y empezar a dibujar soluciones es parte de lo que tenemos que desaprender y reaprender. Buen viaje.
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