La educación corporativa será en los próximos años uno de los mayores diferenciadores para que las empresas encuentren los talentos que buscan. Por eso, hoy más que nunca, las compañías necesitan mirar con atención y cuidado la formación de sus empleados. En el mundo globalizado en que vivimos, donde cada vez más los equipos de trabajo – e incluso los clientes – tienen distintos orígenes, la formación en idiomas se vuelve imprescindible, sobre todo el inglés.
Si bien en Latinoamérica vamos en la dirección correcta en este sentido, la mayoría de los países de la región aún tiene un largo camino por recorrer. A modo de ejemplo, un ranking publicado recientemente por Education First (EF) muestra Colombia en la posición 75 en términos de nivel de inglés, cerca de países como Brasil (70), Panamá (71) y México (89), todos considerados “Low Proficiency” (Baja proeficiencia). Estos países solo están mejor posicionados que naciones del Sudeste Asiático y África, como República Democrática del Congo (113) Yemen (110) y Arabia Saudita (108), rankeados como “Very Low Proficiency” (proeficiencia muy baja).
En este contexto, el e-learning juega un papel fundamental, y hoy más que nunca es necesario aprovechar las oportunidades que tenemos en la región, con plataformas y herramientas que facilitan el aprendizaje. Siempre evitando las “soluciones mágicas” y las falsas promesas.
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La industria del e-learning estima que solo el 10% de las personas concluyen un curso online on-demand o pregrabado. Los motivos son la falta de comprensión del contenido y de cómo realizar las tareas, la falta de tiempo, el aburrimiento y la falta de motivación. Por eso, uno de los puntos fundamentales es buscar cursos online con profesores en vivo. El compromiso de los estudiantes con su tutor, sumado al soporte y el incentivo constante, hacen que la tasa de conclusión de los cursos pase del 10 al 80%.
Como consultores de modelos de capacitación, le dedicamos mucho tiempo a hablar con profesionales de RRHH. Y luego de muchas charlas nos dimos cuenta de que buscar soluciones que parecen atajos es uno de los errores más comunes de las empresas al implementar un programa de capacitación para sus equipos.
Como resultado, la inversión realizada termina no generando ningún impacto en la compañía. Los programas on-demand son un buen ejemplo de eso. En la teoría parece una gran ventaja, pero en la práctica difícilmente funciona. Los estudiantes necesitan un acompañante pedagógico que los guíe en el camino de aprendizaje, y este proceso lleva un tiempo lógico. Ninguna cosecha da frutos de la noche a la mañana, y con los idiomas pasa algo parecido, no hay fórmulas mágicas ni atajos.
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Siendo honesto, la manera recomendada de estudiar idiomas en el contexto corporativo tampoco es tan compleja. De hecho, en nuestra experiencia, profesionales de RRHH suelen sorprenderse con lo simple que es implementar un programa que, a priori, parece engorroso por su cantidad de variables.
El primer paso es identificar qué necesidades tienen los empleados. Luego, buscar un proveedor con una propuesta de valor que se ajuste a las necesidades de la empresa. Idealmente, que ofrezca clases en vivo, docentes permanentes, material digitalizado y grupos reducidos. El próximo paso es comunicar a los empleados sobre el beneficio, y, por último, medir tanto el aprendizaje individual como el impacto del programa en la empresa.
Puedo decir con propiedad que eliminar la barrera idiomática en las empresas suele ser una inversión que genera resultados sorprendentes, que van desde la atracción y retención de talentos hasta su crecimiento y expansión.
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