La planificación de la cadena de suministro es desde hace algunos años un proceso clave dentro de la empresa, con frecuencia ya ha sido diseñado y estructurado, se han asignado recursos y establecido roles para su ejecución, en ciertas ocasiones como parte del área comercial o mercadeo, en otras como parte de operaciones, y en otros casos otorgándole independencia de ambas, lo que libera a los planificadores del sesgo que puede tener cada área y trata que el proceso genere un real balance entre oferta y demanda.
En todos los escenarios hay importantes desafíos para obtener todos los beneficios que el proceso puede generar. Con base a la experiencia acumulada en cerca de 20 años de trabajo con organizaciones latinoamericanas de diferentes rubros y tamaños podemos mencionar dos muy relevantes:
- La falta de credibilidad que puede tener el plan y/o el equipo de planificación para una de las áreas o para ambas, por la falta de integración e involucramiento de los recursos clave operativos y gerenciales.
- Alta operatividad que puede tener el proceso, por la necesidad de análisis de información, generación de proyecciones, manejo agregado y desagregado de los datos y todo esto con la participación e interacción de varios stakeholders durante su ejecución.
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Respecto del primero, hemos observado en varias empresas que a pesar del titánico esfuerzo del o los planificadores en la generación de un plan (usando varias herramientas metodológicas y tecnológicas), éste no se constituye como el eje que establece las acciones de la empresa tanto en el ámbito comercial como de operaciones, suele ser visto, cuando está a cargo del área comercial, como un input válido pero no determinante para operaciones, y en el caso inverso, es considerado un ejercicio matemático referencial de quien no conoce de primera mano el mercado. Cuando tenemos áreas independientes de planificación suelen estar aisladas y no tienen influencia real sobre las gerencias responsables de la oferta y demanda.
Un elemento clave para que el proceso de planificación de supply chain genere los resultados esperados, es otorgar un alto empoderamiento y autoridad al rol de planificador, así como integrarlo como un par, con las gerencias de área, para que sean el equipo generador del único “juego de números” que determina las acciones de la empresa.
Sobre el segundo punto, si bien se debe considerar que la tecnología por sí sola no va a optimizar el proceso, hemos visto que la adopción de herramientas especializadas de planificación que lo sistematizan ayuda a aligerar la carga operativa, pero principalmente facilita la colaboración y profesionaliza el análisis y proyecciones. Estas herramientas en la actualidad no solo cubren aspectos estadísticos para la generación de un plan de demanda sino también abarcan las mejores prácticas para colaboración y módulos robustos para planificación de inventarios incorporando algunas de ellas elementos de inteligencia artificial.
Como en todos los procesos empresariales en los que se busca optimización, no se debe dejar de considerar todos los elementos de la combinación procesos-personas-tecnología para obtener los mejores resultados.
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