Son las cinco de la mañana. María Clara ya está despierta, bañada y arreglada. Mientras el resto de su familia aún duerme, ella está alistando el desayuno para sus hijos y su esposo José. Llevan 10 años viviendo juntos y hace un año, sus vidas cambiaron para siempre.
María Clara y José, tenían un puesto de frutas y verduras y aunque las ventas eran buenas, el dinero solo les alcanzaba para sobrevivir. Con el empuje y decisión que siempre la han caracterizado, María Clara le propuso a su esposo que dieran el siguiente paso, transformar su pequeño puesto en un mini-mercado, sería el primero en el sector.
El plan era sencillo: acondicionar el local con estanterías que permitieran clasificar las frutas; nevera para refrigerar las verduras; pintura general, mobiliario y una caja registradora que reemplace el maltrecho cuaderno de notas en el que José llevaba las cuentas del negocio y la etiquetera con la que a mano diligenciaban las facturas.
El reto que tenían María Clara y José en ese momento, es el mismo que se plantean la mayoría de emprendedores en Colombia. ¿Cómo dar ese siguiente paso?, ¿cómo transformar una idea de crecimiento en una realidad?, ¿cómo pasar de ser emprendedores a ser empresarios?
El punto en el que estaba esta pareja, es el punto crítico que puede marcar la diferencia entre una historia de éxito o de fracaso. ¿Cómo lo resolvieron María Clara y José? Gracias a una charla a la que habían asistido sobre educación financiera en su barrio, ellos aprendieron que, a través de un microcrédito, podrían transformar su negocio, basados en los ingresos que al momento estaban recibiendo.
Tomaron papel, lápiz y calculadora. De sus ganancias diarias, separaron una parte y empezaron a ahorrar en una cuenta de ahorros con destinación específica. Cuando ya tuvieron un pequeño capital semilla y, con base en su buen comportamiento financiero, solicitaron un crédito en su entidad financiera.
Con el capital acumulado, más el microcrédito, iniciaron la trasformación de su puesto de venta de frutas y verduras. Hoy en día no solo son dueños de un mini-mercado, son generadores de empleo y se han convertido en referentes de progreso y desarrollo para su comunidad.
Historias de éxito como la de María Clara y José hay muchas. Sin embargo, pese a las ventajas del microcrédito para pequeñas empresas, la poca cultura de ahorro de los colombianos y la falta de educación financiera los lleva a cometer errores por no atreverse a tomar una decisión.
De acuerdo con las últimas cifras de Asomicrofinanzas, en Colombia tenemos más de 2 millones 800 mil pequeños empresarios beneficiados con microcréditos, de los cuales, el 50,9% son mujeres. Esto corresponde a un total acumulado en recursos desembolsados por más de 14,99 billones de pesos, dinero que ha permitido transformar positivamente la vida de millones de personas en el país, ya que estos recursos no solo dinamizan la economía, fomentan la formalización del empleo, sino que combaten un flagelo que siempre ronda a las personas más vulnerables, los famosos préstamos ‘gota a gota’.
Para que la fórmula del microcrédito sea efectiva, como en el caso de María Clara y José, se requiere de un compromiso compartido, en el que el empresario, asume la responsabilidad de cuidar sus finanzas, ahorrar, proyectar su negocio y brindar información confiable que respalde su comportamiento y capacidad de pago. Por su parte, el Banco le presta y lo acompaña en su proceso.
A quienes están en ese punto crítico, en el que ven que sus pequeñas empresas se están rezagando por falta de inversión, les digo que sigan el camino que tomaron María Clara y José, dos microempresarios que nos demostraron que, con compromiso, esfuerzo y dedicación, los sueños se pueden hacer realidad; en este caso, de la mano de una entidad financiera, pasaron de ser emprendedores a empresarios, generando progreso y empleo para su comunidad.
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