«Esa magia de la conectividad que para nosotros es normal, para millones no. Como sociedad estamos perdiendo y concuerdo, debemos verlo como derecho fundamental.»
Imagina que de un día para otro te encierran en tu casa con alerta de pandemia, vives de tu esfuerzo físico por que no tuviste preparación para vivir de tu producción intelectual, sólo tienes acceso a televisión y radio donde escuchas que las cosas no van bien, y tu tiempo encerrado se extenderá. Las respuestas a mil dudas son resumidas en un noticiero una vez al día. Poco a poco se te acaban las formas de distracción, las fuentes de conocimiento en tu casa, las provisiones se agotan, suponiendo que tenías algún ahorro. Necesitas trabajar, pero ¿Cómo hacerlo desde el encierro? ¿Cómo adquirir nuevas herramientas? ¿Cómo al menos solucionas las 10 mil dudas que tienes sobre la pandemia? Estás desconectado en una época de aislamiento físico, estás aislado totalmente.
Ésta es mayoritariamente nuestra realidad, vivimos en un continente desconectado, con apps que solucionan todo excepto cómo llegar a ellas, con plataformas de educación virtual que permiten adquirir nuevas capacidades, pero sólo funcionan en línea, con ofertas de teletrabajo que difícilmente llegarán a quienes realmente necesitan porque no hay acceso constante a internet. Vivimos en una época y en un continente que se contrasta hipócritamente entre sus cifras, en un país donde hay más líneas celulares que colombianos, pero donde sólo el 30% tiene acceso a internet móvil constante con una línea postpago, y la mitad de la población no tiene internet en su hogar. El promedio de consumo de celular es superior a las 2,7 horas por día pero en redes sociales y memes que es lo único que tenemos a la mano gratuitamente por los operadores.
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El internet como se habla por estos días en el Senado colombiano ya no es un lujo, se ha convertido en una herramienta necesaria que nivela brechas de desigualdad. Por ejemplo; en un aula virtual, todos somos iguales, no hay estratos ni diferenciadores sociales. En trabajos remotos se mide eficiencia en cuanto a logros, los horarios pasaron a ser historia, un médico puede desde cualquier lugar del mundo prestar asistencia a través de telemedicina, e innumerables casos prácticos a los que estamos acostumbrados. Esa magia de la conectividad que para nosotros es normal, para millones no. Como sociedad estamos perdiendo y concuerdo, debemos verlo como derecho fundamental.
Estamos en Colombia, un país con altísimos gastos en inversión social, con demandas urgentes que comprometen el subsistir de nuestra población. Debemos ser realistas, debemos saber que la cobertura total y el acceso universal a la conectividad no está cerca. Por eso decidimos colocarnos la camiseta y buscar alternativas para democratizar el internet. El costo de cada día que nuestros estudiantes pasan sin estar conectados es muy alto. No acceder a la información nos condena a la ignorancia, dejar aislados a nuestros trabajadores sin posibilidades nos condena a la pobreza. No podemos ser indolentes y creer que esta desigualdad de acceso no nos afecta, estamos en un barco que debe salir a flote con todos a bordo y no podemos esperar que el gobierno nos salve. Estamos juntos en esto, nuestro momento de remar hacia el mismo lado es ahora.
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