Inseguridad, desde la Antigua Roma hasta nuestros días

Inseguridad, desde la Antigua Roma hasta nuestros días
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Hace 25 siglos la inseguridad se combatía con calles iluminadas con antorchas, hoy en día, las leyes y el compromiso de los ciudadanos por su seguridad personal y su entorno  son la clave para reducirle el espacio a la delincuencia.

Cuando las personas se sienten víctimas o perciben ser presas de algún hecho delincuencial, instintivamente piensan en el pasado suponiendo que los ‘malos´ y los ‘pillos’ son un invento de la modernidad.  Pues que equivocados están, los ‘malhechores’ y las ‘bandas delincuenciales’, los temas de  inseguridad son tan viejos como la sociedad misma.  Desde la Antigua Roma, los ciudadanos tuvieron que combatir la delincuencia y a mediados del siglo XIX, parecía ser un fenómeno imposible de controlar por parte de los nuevos Estados.

En Roma existía una frase muy común entre los ciudadanos, ‘no salgas de noche a menos que sea demasiado necesario’. Imagínese que el Imperio más fuerte de Europa y cuyos territorios llegaron a Asia y África, tenía un fuerte fenómeno de inseguridad que se hacía más visible cuando el sol se ocultaba y llegaba la noche.

Era frecuente que hombres encapuchados amedrentaran a los transeúntes con armas blancas, despojándolos de artículos de valor y hasta llegaban a cometer homicidios cuando éstos se resistían a los hurtos.  También eran comunes los atropellamientos de carruajes que transitaban a altas velocidades por las estrechas calles, atropellaban a las personas dejándolas moribundas sobre la arena y los andenes. Jamás se detenían para socorrerlos.

Ante esta situación, que era aprovechada por la complicidad que la noche ofrecía a los delincuentes,  el Senado tomó varias decisiones,  una de ella fue la de fundar los cuerpos de Seguridad Ciudadana, que eran  sin duda,  el primer aviso de resguardos de policía, que en un principio eran conformados por campesinos y esclavos de buen estado físico e inmejorable disciplina.  Luego se legisló para castigar con la pena de muerte aquellos delitos graves.

En Colombia, después de 1820, las cosas no fueron muy distintas. Luego de las heroicas batallas del Pantano de Vargas y Puente de Boyacá, que sellaron nuestra independencia y abrieron  el camino hacía una República, no contaron con el descontento de los habitantes de Santafé de Bogotá, quienes  se encontraron intimidados por hombres enruanados que hurtaban con violencia a mujeres y transeúntes a cualquier hora del día y la noche.

Era un Estado naciente, incipiente en recursos y hasta sin una constitución verdadera. Los primeros alcaldes optaron por la opción de utilizar a ilustres ciudadanos denominados ´serenos´ quienes tenían la misión de iluminar con antorchas pasos y calles de la ciudad para evitar que los delincuentes hicieran de las suyas;  en 1821, tal y como lo relata el libro ´La historia a través del lente fotográfico´, se desmanteló la primera banda delincuencial, conformada por seis hombres quienes con machetes y objetos contundentes hurtaban a las personas y asaltaban sus domicilios.

  • Después de siglos “el concepto de delincuencia es el mismo, actúa en la penumbra cuando su anonimato se garantiza, por ello es tan importante que la tecnología se convierta en un aliado que desplace al delincuente y le minimice su radio de acción”

A mediados del siglo XIX la situación en los campos fue tan preocupante, que el ejército invirtió grandes recursos para evitar que problemas de linderos  y xenofobia terminarán en homicidios. Sólo hasta 1891, Colombia contó con un cuerpo de policía que inicialmente fue dirigido por una comisión francesa en cabeza del Comisario Marcelino Gilbert.

La capital del mundo, New York, también tuvo a mediados del siglo XIX temerosas pandillas que no solo se caracterizaban por lucrarse de actividades ilegales, agredían y asesinaban a inmigrantes o a todo aquel que no compartía su ideología.  Inglaterra tenía bandas temibles, entre ellas, una que delinquía en Londres que se hacía llamar ‘Las Forty Elephants’, mujeres dedicadas al hurto y que eran reconocidas por utilizar finos trajes de seda como producto de su actividad criminal.  En Manchester, por ejemplo, ‘Los Scuttlers’, eran bandidos jóvenes quienes se rapaban la cabeza y eran protagonistas de campales batallas callejeras para tener el control de ciertos territorios de la ciudad en donde ejercían toda clase de actividades ilícitas.

Aunque hoy sabemos que Londres, New York, Roma y Bogotá son hermosas ciudades con altos índices de alfabetismo y oportunidades. Hace 150 años la mayoría de las ciudades carecían de servicios públicos, comunicaciones e iluminación, aspecto que se convertía en el escenario ideal para la conformación de estas peligrosas bandas delincuenciales, que se enfrentaban a cuerpos de policía incipientes sin mayores herramientas jurídicas y con escasa tecnología en materia criminal para resolver los casos.

Hoy, gracias a Dios superamos el tema de las antorchas y los problemas de insalubridad en las ciudades, pero básicamente el concepto de delincuencia es el mismo, actúa en la penumbra cuando su anonimato se garantiza, por ello es tan importante que la tecnología se convierta en un aliado que desplace al delincuente y le minimice su radio de acción.

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