Jorge, un empresario de 36 años ha iniciado una empresa de suministro de jabones de manos para una reconocida cadena del mercado nacional. Después de sobrepasar numerosos filtros de selección, finalmente ha sido codificado en la “Gran superficie” y como resultado de esto, ha obtenido su primera orden de compra por 10.153 unidades.
Sus ahorros y una plata que tiene su esposa le permiten comprar las primeras materias primas de la producción con la que su empresa “bajará bandera”. El proceso inicia con éxito y se toma 7 días aproximadamente para ser finalizado. Los tiempos que se toma cada uno de sus colaboradores han sido los esperados y el día 8 ya se encuentra el camión en la bodega de su cliente haciendo entrega del producto. El conductor también lleva entre manos, la respectiva factura de venta para cobrar lo que Jorge y su equipo han producido con esfuerzo y dedicación. La factura es recibida en la cadena de supermercados a satisfacción y reza claramente: “Término de pago: 60 días”.
Los dos párrafos anteriores resumen fielmente la historia que viven cientos de miles de colombianos, que saltan al ruedo diariamente, unos por convicción y otros por necesidad persiguiendo el sueño de emprender. ¿Ganas y pasión por lo que hacen? Por montones. Sin embargo, la gran mayoría, carece de la chequera necesaria para dar rienda suelta a su negocio sin preocuparse por la caja o la liquidez de su empresa. Pasan días y hasta meses, persiguiendo a los jefes de compras de las más reputadas y prestigiosas empresas del orden nacional para conseguir ser aceptados como proveedores. Cuando lo logran, creen que todo el trabajo sucio estaba consumado, pero, se topan con la más cruda realidad; empezarán a recibir órdenes de compra a diestra y siniestra para producir en tiempo récord y facturarán a 60 o 90 días. No habrá bolsillo que aguante.
Lo que sigue es tocar las puertas de todos los bancos, diligenciar cuanto formulario de crédito se atraviese, firmar sin leer la letra menuda, prender la vela y rezar por obtener un capital de trabajo, que apalanque ese loable esfuerzo que supuso conseguir los primeros pedidos, entendiendo que una buena calidad y servicio en la primera entrega, abrirá las puertas para crecer con los mismos clientes. Las esperanzas están cifradas en lo que digan los bancos. Una respuesta infortunada por parte de estas entidades financieras derivará en pedir prestado a un amigo, familiar, o lo que es aún más extremo, acudir a créditos callejeros a tasas de interés impagables.
Con la llegada de la pandemia a Colombia y el mundo, las entidades financieras, como era de esperarse, decidieron contraer sus desembolsos, extremando sus políticas de riesgo y crédito. Y era normal que lo hicieran. Ahora los mismos deudores se iban a enfrentar mareas económicas donde la altura de las olas era desconocida.
Factoring es el producto financiero alternativo que ayuda a mejorar ostensiblemente la rotación de cartera de las empresas de 60 a 4 días, oxigenando considerablemente el capital de trabajo de las empresas, permitiéndoles concentrarse en esfuerzos en procesos comerciales y productivos antes que de recaudo.
A partir de esto, el factoring se ha constituido en ese salvavidas que permite a diferentes entidades, otorgar un cupo para anticipar el flujo de caja de las empresas mediante el descuento de facturas, profundizando el análisis en la situación financiera del pagador de la factura, mirando de reojo el balance de quien necesita anticiparla. Jorge no deberá preocuparse ahora por el monto que vende, deberá ocuparse en seleccionar muy bien a quien le vende. Un buen cliente-pagador es sinónimo de apetito de riesgo para quienes descuentan facturas y por tanto su situación de flujo de caja, incluso en tiempos de pandemia, está solucionada.
En Colombia, 81 de cada 100 empresas no consideran el factoring como una herramienta de apalancamiento financiero y solamente el 3% de las pequeñas y medianas compañías anticipan su cartera. A su vez, países como Chile, Reino Unido o Alemania, sobrepasan el 14% de su PIB en facturas negociadas. Factoring a todas luces es sinónimo de desarrollo económico.










