Conocer la comunidad de estudiantes de las universidades —uno de sus grupos de interés más importantes— para responder a sus necesidades y expectativas es una apuesta que se viene afrontando a partir del desarrollo de múltiples estrategias: ejercicios de caracterización; mesas de conversación; escucha de los representantes a los organismos de gobierno; participación en procesos de autoevaluación de programas y de las instituciones; y acompañamiento de casos de estudiantes.
Los resultados de las acciones nombradas arrojan datos que merecen valorarse, entre los que se destacan la diversidad y riqueza de los jóvenes que forman parte de las comunidades universitarias en capacidades, competencias, estilos cognitivos y de aprendizaje, y condiciones geográficas, etarias, culturales, físicas y cognitivas, acompañadas estas de intereses, sueños, metas y proyectos personales. Esta diversidad dispone ante las universidades el reto de la inclusión, de la acogida del otro desde la riqueza que representa ser diferentes y únicos, en el contexto de un país cuya riqueza cultural y étnica funda la construcción de identidad —local, regional y nacional— frente al proyecto de nación que nos teje como colombianos.
En este sentido, la educación superior hace de la inclusión no solo una cualidad de los procesos educativos y formativos que desarrolla, sino también una actitud que caracteriza a los profesores/maestros que comunican el saber y el conocimiento en las aulas. El paradigma posestructuralista dice que la inclusión como actitud se articula con el sistema de valores y creencias de quienes realizan el acto educativo —estudiantes y profesores—; y da intencionalidad a la identificación de necesidades particulares de aprendizaje y a las estrategias a utilizar en los procesos de acompañamiento cuyo fin no es solo el ingreso, sino también la permanencia y la graduación de quienes acceden a la educación en el nivel superior, en el contexto de la equidad y su promoción al interior del sistema educativo.
Por lo anterior, cuando hablamos de inclusión en el campo de la educación nos encontramos con categorías que abren múltiples posibilidades de acompañamiento para asegurar el buen desempeño académico, social… en términos más amplios, integral de los estudiantes. Elementos como caracterización, diseño universal, planes de ajuste razonable, acceso y accesibilidad, barreras para el aprendizaje y la participación, y discapacidad, constituyen categorías que implican la construcción de currículos inclusivos y sistemas de evaluación flexibles; la revisión de la política pública y las políticas académicas de las instituciones de educación superior (IES); la formación de profesores; y el compromiso de cultivar en la comunidad universitaria una cultura de la inclusión que vaya más allá del aula y los procesos académicos.
La Universidad Católica de Manizales (UCM) hace de la inclusión un territorio de actuación propio, en el contexto del sello internacional que en el 2018 recibió de la Federación Internacional de Universidades Católicas a través de la Universidad Católica de Valencia (España). Esto permite a la UCM ser la única universidad católica colombiana Campus Capacitas, es decir, un campus inclusivo por su promoción de una cultura de acogida, respeto y valoración de la diversidad; y por apostar al desarrollo en los procesos educativos de prácticas inclusivas desde lo educativo, lo pedagógico, la didáctica y el diseño de sus espacios formativos y de su infraestructura física. Campus Capacitas que tiene dos énfasis: discapacidad y vulnerabilidad, los cuales subyacen a los propósitos de formación que dinamizan el proyecto educativo universitario en torno a la formación integral, sello de la apuesta educativa de una IES que se sabe doblemente universal por ser universidad y católica.
Otro aspecto relevante es el resultado que la UCM obtuvo en la medición del Índice de Inclusión para la Educación Superior (INES), herramienta que permite a las IES identificar las condiciones en que se encuentran respecto de la atención que realizan a la diversidad de su comunidad universitaria, sus fortalezas y oportunidades de mejora, para tomar decisiones que cualifiquen el proceso de enseñanza-aprendizaje, la participación y la convivencia ciudadana al interior de las Universidades. La UCM obtuvo los siguientes resultados en el 2020:
- Índice general UCM: 4,8/5,0
- Índice general según actor:
- Administrativos: 5,0/5,0
- Docentes: 4,8/5,0
- Estudiantes: 4,6/5,0
Estos resultados permiten dar cuenta del esfuerzo institucional por ser coherente con lo declarado en su plataforma estratégica de misión y visión institucionales, en las cuales la formación integral, la inclusión y la equidad se visibilizan como sellos institucionales de dos elementos: por un lado, el compromiso de la UCM con la vivencia de su modelo pedagógico personalizante y liberador que hace de la persona en su singularidad y riqueza el centro de los procesos académicos; y por otro, su opción por hacer de su sello Campus Capacitas una realidad que teje estructura académico-administrativa, política académica, inversión en infraestructura, estrategias de retención de estudiantes, diversificación de becas y apoyo económico, en el marco de un ambiente familiar y acogedor que hunde sus raíces en la filosofía institucional y en el carisma congregacional que está en la base de esta obra de Iglesia fundada por las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen.










