Cuando adquirimos un seguro de vida o un seguro general sobre algún bien, acostumbramos a no leer bien qué cubre y qué no cubre. En el momento de necesitarlo, descubrimos que nuestro reclamo resulta inservible, porque aquello que perdimos precisamente no estaba cubierto.
Pero esto no sucede cuando quien nos protege es Dios. Su protección es total; no hay detalle en el que Él no esté presente.
Muchos decimos creer que Dios existe, pero pocos nos atrevemos a buscarlo. Cuando buscamos a Dios, empezamos a tener una relación con Él. Y una relación implica una comunicación constante. Esa comunicación nos revela quién es Dios y nos enseña cuánto nos ama.
Cuando entendemos el amor de Dios hacia nosotros, todo cambia. Ese amor penetra lo profundo de nuestra alma y su Espíritu, que está en nosotros, empieza a revelarse de una forma extraordinaria.
Después de una experiencia con el Espíritu Santo ya no somos los mismos. Dios en nosotros nos hace más humanos, más tolerantes con los demás, sensibles a las necesidades de nuestro prójimo y más capaces de perdonar. Las cosas materiales que antes nos llenaban se vuelven solo instrumentos para sobrevivir en una tierra que ya no sentimos como nuestra.
Se abre ante nuestros ojos una visión que nos permite comprender que no somos de este mundo. Las cosas que satisfacen a la mayoría de las personas nos parecen vacías y sin sentido. Muchos viven simplemente como viven los demás: si otros gastan su tiempo en redes sociales mirando la vida de otros, nosotros, los que hemos conocido a Jesús, preferimos pasar tiempo en la Palabra de Dios, conociendo al Creador de todas las cosas y procurando seguir su ejemplo, en lugar de seguir a los hombres.
Esto puede parecer locura para algunos, y para otros puede parecer una simple secta religiosa nacida de la necesidad de huir de un mundo cada vez más difícil. Pero para quienes vivimos la experiencia de tener a Dios con nosotros, es libertad a través de una verdadera transformación.
¿Cuándo cambian nuestras vidas?
Nuestras vidas cambian cuando adquirimos un seguro de vida que se llama “El Gran Yo Soy”. Entonces Dios empieza a actuar en cada etapa de nuestra vida, conforme lo necesitamos. Te explicaré cómo actúa:
Si estás en deudas económicas o no cuentas con dinero para cubrir tus necesidades básicas, el Gran Yo Soy te provee y suple todo lo que necesitas. Él promete y cumple que es tu pastor y que nada te faltará (Salmo 23:1).
Si pasas por un momento de soledad y sientes que quienes te amaban te hicieron falsas promesas y te dejaron solo, el Gran Yo Soy promete y cumple que está contigo y que nunca te dejará (Hebreos 13:5).
Si estás enfermo y sientes que los médicos dan un diagnóstico desalentador o que esa enfermedad aparentemente no tiene cura, el Gran Yo Soy te cubre con sus llagas y promete sanarte, tanto física como emocionalmente (Isaías 53:5).
¿Cuál es tu necesidad ahora?
Sea cual sea, el Gran Yo Soy te cubre con su manto protector. Su grandeza y su poder te dan la seguridad de que “si Dios está contigo, nada ni nadie podrá estar contra ti”.
Atrévete hoy a recibir este seguro, que ya fue pagado por Jesús, el Hijo de Dios, en la cruz. Él te invita a comenzar una relación de amor con ese Dios que entregó la vida de su Hijo por ti, para cubrir todos tus pecados y todas tus necesidades.
¡El Gran Yo Soy es el seguro eterno que necesitas hoy y que se te da por gracia y no por dinero!










