Colombia volvió a recordar, de la manera más dolorosa, que hay acontecimientos capaces de poner en perspectiva nuestras diferencias. Un terremoto de magnitud 7,4, con epicentro en el departamento del Chocó, sacudió buena parte del occidente del país y produjo daños importantes en ciudades como Cali, Pereira y Manizales. Los primeros balances conocidos hablan de cientos de víctimas entre fallecidos y heridos, además de viviendas y edificaciones afectadas.
La dimensión de la tragedia todavía está siendo evaluada. Pero hay algo que ya resulta evidente: Colombia necesita responder como país y no como una suma de bandos. El terremoto llegó después de meses de una intensa confrontación política y social, marcada por las elecciones que llevaron a Abelardo de la Espriella a la Presidencia. Hoy, incluso mientras familias buscan a sus seres queridos y comunidades enfrentan las consecuencias del desastre, las redes sociales siguen reproduciendo discusiones políticas que poco aportan a quienes necesitan ayuda.
La política debe quedar en segundo plano
Colombia ha demostrado en otras tragedias que puede ser solidaria. El terremoto del Eje Cafetero de 1999 dejó una de las imágenes más fuertes de nuestra historia reciente, pero también mostró una enorme capacidad de respuesta ciudadana. Miles de personas se movilizaron para ayudar, donar, reconstruir y acompañar a quienes lo habían perdido todo.
Hoy necesitamos recuperar ese espíritu. No significa renunciar a las diferencias políticas ni dejar de discutir sobre el rumbo del país. Significa entender que existen momentos en los que la discusión partidista puede esperar. Una persona atrapada bajo los escombros no pregunta por quién votó quien intenta rescatarla. Una familia que perdió su vivienda necesita agua, alimentos, atención médica y un lugar seguro donde pasar la noche.
La solidaridad tampoco debería convertirse en una competencia entre sectores políticos. El desastre afecta a todos y, por eso mismo, la respuesta también debería ser colectiva.
Ayudar también exige responsabilidad
Hay formas concretas de contribuir. Donar sangre a través de bancos autorizados puede ser una de ellas, especialmente cuando las emergencias incrementan las necesidades hospitalarias. La Cruz Roja Colombiana, por ejemplo, cuenta con un Banco Nacional de Sangre y ha señalado que la necesidad de componentes sanguíneos es permanente.
También pueden ser útiles las donaciones de alimentos, agua, elementos de primera necesidad o recursos económicos, siempre que se canalicen mediante organizaciones con capacidad comprobada para recibirlos y distribuirlos. La Cruz Roja Colombiana tiene experiencia histórica en atención de emergencias y ayuda humanitaria.
Pero ayudar no significa actuar impulsivamente. En una emergencia, una donación mal dirigida puede terminar dificultando la operación de quienes están atendiendo la crisis. Antes de entregar dinero, alimentos o elementos, conviene verificar quién los recibe, dónde serán utilizados y si realmente existe una necesidad de ese tipo.
Lo que no debemos hacer en una emergencia
Hay otro aporte ciudadano que parece pequeño, pero puede tener un enorme impacto: no desinformar.
Las cadenas de WhatsApp sobre supuestas réplicas, nuevos terremotos, edificios a punto de colapsar o lugares específicos que necesitarían ayuda pueden generar miedo y congestionar las comunicaciones. Los sismos y sus réplicas no pueden predecirse con precisión en cuanto a momento, magnitud o intervalo, por lo que este tipo de mensajes no debe presentarse como información confirmada.
La fuente para consultar información sísmica debe ser el Servicio Geológico Colombiano y, para la atención y evaluación de daños, las autoridades de gestión del riesgo. El propio SGC explica que su información permite apoyar la toma de decisiones de los organismos de emergencia, mientras que la gestión de los daños corresponde a las autoridades competentes.
Tampoco debemos entregar dinero a cuentas personales o supuestas campañas que circulen sin verificación. En medio de una tragedia siempre aparecen oportunistas. Verificar antes de donar es una forma de solidaridad.
Colombia puede volver a levantarse
Un terremoto destruye edificios, modifica paisajes y deja heridas difíciles de medir. Pero también puede recordarnos algo que en medio de la confrontación cotidiana solemos olvidar: antes que miembros de un partido, seguidores de un candidato o participantes de una discusión en redes sociales, somos ciudadanos de un mismo país.
La reconstrucción será larga. Requerirá recursos públicos, empresas, organizaciones sociales, autoridades locales, voluntarios y ciudadanos. También exigirá decisiones difíciles y, seguramente, debates políticos intensos. Todo eso llegará.
Ahora es momento de ayudar.
Colombia ya ha demostrado que puede levantarse después de una tragedia. El desafío esta vez no es solamente reconstruir lo que el terremoto destruyó. Es demostrar que todavía somos capaces de reconocernos como compatriotas cuando más lo necesitamos.
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