Cuando hablamos de ahorro o de inversión, tratamos un tema espiritual, porque Dios es el dueño del oro y de la plata. él, nació en un pesebre siendo el Rey de Reyes, creció en abundancia de paz y no de dinero, se hizo pobre para demostrarnos que el dinero es solo una herramienta necesaria, en una sociedad capitalista y consumista, pero que no es el objetivo final de nuestra existencia. No vinimos a esta tierra a ganar dinero o hacer pobres o ricos, tenemos un objetivo: “servir al Señor de señores en la riqueza y en la pobreza”.
Cuando adquirimos dinero no somos ricos, somos bendecidos para bendecir a los demás, si comprendemos este principio, hemos aprendido el propósito de vivir.
La riqueza se multiplica siendo generoso, el dinero se hizo para gastarlo y gastarlo en los demás, ayudar al necesitado, dar pan al hambriento, generar empresa para dar empleo al desempleado, pagar salarios justos, impuestos y cubrir nuestras necesidades y Dios en su infinita riqueza nos dará más de lo que necesitamos.
Vivimos en una sociedad donde se nos enseña a trabajar incansablemente por adquirir dinero y dejamos atrás cosas importantes como vivir la vida a plenitud, disfrutar de un día soleado, contemplar la luna y las estrellas y en ellas ver la grandeza de Dios, mirar la naturaleza y ver a Dios en su grandeza y plenitud a través de ella.
Dios nos dice en su palabra “No os preocupéis porque habéis de comer o de vestir, porque yo me encargo”. Si leemos las escrituras Dios nos enseña a vivir el día a día sin estar preocupados por el dinero o porque habremos de comer o de vestir en el hoy. La plata, se volvió una prioridad en nuestra vida, siendo solo un medio de supervivencia, porque si buscamos primero el reino de Dios y su justicia, lo demás vendrá por añadidura.
El primer lugar en nuestras vidas debe ser Dios, si le buscamos, él nos mostrará el camino que debemos seguir, nos dará el empleo adecuado, el dinero necesario y nunca más tendremos necesidades ni materiales ni espirituales porque él suple de acuerdo a su grandeza.
Nuestro creador, nos enseña en su palabra que sigamos el ejemplo de la hormiga, que trabaja en el verano arduamente, para guardar provisión en el invierno. Esta cultura de ahorro que es bíblica se olvida en un mundo consumista donde se tiene por costumbre comprar más de lo necesario y trabajar en todo tiempo, para vivir en función del dinero. El comercio se ha encargado de crearnos necesidades innecesarias que no nos permiten ahorrar para darnos una vida digna como Dios ha querido que tengamos.
A través de la sabiduría divina entendemos que, si ahorramos, podremos comprar todo lo que necesitemos “de contado” sin necesidad de solicitar un crédito. La paciencia que es un don de Dios, nos permite esperar un tiempo, para adquirir un bien o un servicio que necesitemos o queramos sin necesidad de endeudarse. Las deudas son ataduras innecesarias que nos esclavizan, nos roban la paz y nos llevan a un punto de stress que nos produce enfermedades e infelicidad.
Dios en su infinita sabiduría, también nos da discernimiento para invertir, si nos informamos e investigamos como está el sector de la construcción y bienes raíces antes de comprar, podremos saber con más seguridad si invertimos ahí o en un fondo de inversiones o un cdt que tenga buena rentabilidad a bajo riesgo.
El ahorro y la inversión son dos temas que van de la mano y deben hacerse bajo la sabiduría divina. Dios dice “El que tenga falta de sabiduría pídamela y se la daré en abundancia».










