«El ejercicio de prueba y error al interior de las empresas en la implementación de estrategias de movilidad, si no se realiza de manera estructurada y con un buen aliado estratégico, puede salir extremadamente costoso y quedarse en solo buenas intenciones.»
El mundo ya no es el mismo que era cuando comenzó el 2020, seis meses bastaron para que nuestra realidad cambiará radicalmente y, en consecuencia, que ya no fuera posible seguir haciendo todo lo habitual de la misma manera; ahora compartir una tarde con amigos, llevar al parque a nuestros hijos, trabajar o hasta hacer ejercicio, nos exige afrontar nuevos retos.
Uno de los más grandes está relacionado con la movilidad. Antes, era natural subirse al transporte público acompañado de cientos de personas que coincidían en nuestra hora de recorrido e incluso nuestro destino; ahora, en medio de una pandemia mundial que amenaza con afectar nuestra salud y nuestra vida, es peligroso si quiera pensar en repetirlo, pero tenemos que hacerlo. La pregunta entonces es ¿Cómo nos movilizamos de manera diferente?
Es mucho lo que se ha hablado y promovido acerca de la movilidad activa en referencia a cómo desplazarse en bicicleta o caminando, y aunque es una excelente alternativa por no ser masiva, que contribuye a nuestra salud y el cuidado del medio ambiente, no puede ser concebida como la única solución de movilidad ante una realidad como la que enfrentamos.
Aquí las empresas se convierten en uno de los actores que deben contribuir en esa creación de nuevas estrategias de movilidad, que además de efectivas prevengan el contagio, puesto que el 70% de los desplazamientos diarios que se realizan en la ciudad, corresponden a trayectos casa – trabajo – casa.
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Con base a los análisis continuos que realizamos de los comportamientos y hábitos de movilidad, sabemos que las dinámicas de desplazamiento de las personas responden a unas necesidades puntuales, y más allá de plantear soluciones ideales como entregar bicicletas para todos, se deben generar soluciones efectivas, entendiendo cada una de estas realidades.
No es fácil, pues cada persona tiene necesidades diferentes y factores como la edad, la distancia y las condiciones geográficas del trayecto, entre otros muchos aspectos, evidencian que la movilidad activa no puede ser la única opción y que se deben considerar más alternativas antes de pensar en el transporte masivo. En este sentido, ¿Cómo saber qué medio de transporte promover en la empresa? De acuerdo a un proceso como el que desarrollamos con base a nuestra metodología de business intelligence y que se divide en 4 etapas:
- Diagnóstico: Conocer desde dónde, cómo y con qué frecuencia se movilizan las personas. Igualmente, identificar qué factores de riesgo tiene cada colaborador.
- Análisis: Con el panorama de las dinámicas de movilidad de las personas, analizar la información obtenida.
- Estructura propuesta: De acuerdo al análisis obtenido, estructurar la propuesta de la estrategia a implementar, articulando diferentes modalidades de transporte y segmentando por públicos objetivos.
- Desarrollo e implementación: Generar un plan de acción para ejecutar la estrategia planteada.
Finalmente, es importante resaltar que cada vez son más las empresas que se suman a desarrollar esta metodología, pues es la solución perfecta para implementar en tiempos de COVID-19, puesto que además de prevenir el contagio es sostenible y brinda soluciones reales a las personas.
El ejercicio de prueba y error al interior de las empresas en la implementación de estrategias de movilidad, si no se realiza de manera estructurada y con un buen aliado estratégico, puede salir extremadamente costoso y quedarse en solo buenas intenciones.
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