Todos pasamos por una etapa, en la que aún no sabemos en qué somos buenos, unos pensamos que para hacer cosas contables porque nos gustan los números, otros para escribir porque nos gusta el uso de la gramática y otros para la ciencia porque nos encanta investigar. Pero lo cierto es que cuando nos enfrentamos a decidir lo que queremos no nos identificamos con nada y perdemos el rumbo de nuestra dirección.
¿Entonces como sabemos cuál es nuestro talento? La mejor manera de hacerlo es probando hacer de todo un poco, nos vamos a dar cuenta que hacemos algo mejor que otra cosa y así iremos descartando lo que no hago tan bien, como lo hace otro, o lo que realmente no me gusta hacer.
El secreto del éxito en lo que emprendamos es descubrir que nos gusta hacerlo, que nos apasiona y que ante el reto de que algo nos salga mal, lo volveremos a intentar hasta que funcione y una vez visto el resultado, nuestro corazón salte de alegría. ¡Las emociones, nos dan luz verde para continuar!
Igualmente, cuando estemos haciendo ese algo, no debe primar el interés de cuánto me voy a ganar o cuánto me van a pagar, porque si no me pagan no lo hago. Es necesario ser feliz haciéndolo y si no hay dinero de por medio igualmente, nos gozaremos en el proceso. Ahí hemos encontrado nuestro don y podemos despertar todos los días con un anhelo de hacerlo y hacerlo cada vez mejor. ¡No pongas tus ojos en la riqueza sino en la felicidad!
Cuando tenemos una mente emprendedora, empezamos a mirar la competencia de este bien o servicio que ya existe, no para copiarnos sino para encontrarle falencias en las que “ YO” podría hacer la diferencia. Los nuevos productos siempre salen de necesidades o de haber recibido un mal servicio y pensar ¿Cómo lo haría yo? ¿Cómo lo mejoraría Yo? ¡No pensemos como competencia, sino como complemento!
El pensamiento juega un papel importante, si pensamos que haremos empresa para generar empleo y ayudar a muchas personas a conseguir sus metas y sus sueños, hemos llegado al éxito del proyecto. ¡Porque es mejor dar, que recibir ¡
El emprendedor no tiene horario, trabaja en la mañana, en la tarde y en la noche, sus ideas no paran, porque si no cosecha en la mañana, cosechara en la tarde. ¡No descanses hasta lograrlo!
La pasión es la sal, cuando te apasionas por algo, adquieres disciplina, rompes horarios, consigues financiación, buscas posibles socios, lees, investigas, pruebas y finalmente lo haces. ¡Si tienes una idea, hazla ahora, no sabes si hay un mañana!
Dios, nos dice en su palabra que al que se le da un don y lo multiplica, El, le dará muchos más. ¡Pide sabiduría, porque al que la pida, Dios se la dará!
No temas, el temor es el enemigo #1 del emprendedor. No pienses que sucedió antes o que sucederá mañana, haz lo que tengas que hacer hoy, sin que tus pensamientos te lleven a un pasado donde alguien fracaso o a un futuro que aún no existe. ¡Hazlo con la seguridad, que SI va funcionar, la fe mueve montañas!
Cree en ti, no importa lo que los demás opinen, son tus sueños y solo tú, los puedes hacer realidad.
Somos hechos a imagen y semejanza de Dios y Dios es nuestro creador, nosotros también somos creadores y con la ayuda de Él, podremos hacer cosas que ojo no vio, ni oído oyó. ¡Es hora de hacer tus sueños realidad, descubriendo tu talento ¡










