«Las redes delincuenciales buscan formas cada vez más sofisticadas para limpiar los recursos ilícitos que generan, y lo hacen a través del sistema financiero, comercial y de servicios.»
En México se lavan alrededor de 44,000 millones de dólares al año; según el Global Financial Integrity, centro de investigación más importante de flujos financieros ilícitos con sede en Washington DC. Esta es una cifra brutal si lo asociamos a los crímenes que se cometieron para la generación de tales recursos. Ya que recordemos que el delito de lavado de dinero es un delito secundario que deriva siempre de otros delitos como: Trata de personas, Extorsión, Secuestro, Pornografía, Corrupción, Narcotráfico, etc.
Según Índice Global en Delincuencia Organizada en su informe de 2021, ocupamos el cuarto lugar en el índice de países con mayor criminalidad, el 2do lugar de 35 países de América y el 1ero de América Central.
Lamentablemente, vivimos en un país con altos niveles de violencia e inseguridad y donde la comisión de los delitos es el negocio más rentable, toda vez que, entre otros aspectos, carecemos de un sistema de justicia efectivo. Y aunque según la evaluación de los expertos de este centro de investigación, nuestro país refleja importantes avances en la lucha contra el lavado de dinero; la gravedad del crimen organizado, la corrupción y los bajos niveles de enjuiciamiento, son aún importantes desafíos.
Si bien es cierto, el Estado tiene un papel fundamental en el combate a la delincuencia organizada y en la lucha contra este delito; todos los ciudadanos debemos hacer conciencia que de forma involuntaria podemos estar contribuyendo a la reproducción de estos delitos.
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¿Cómo?
Las redes delincuenciales buscan formas cada vez más sofisticadas para limpiar los recursos ilícitos que generan, y lo hacen a través del sistema financiero, comercial y de servicios. Ocupan tecnología, especialistas y profesionales en distintas áreas, crean y evolucionan mecanismos para obtener información y hacer mal uso de ella. Por tanto, debemos ser sumamente cuidadosos de nuestra información; estar muy atentos. por qué motivo la compartimos y con quién.
Además, si tenemos negocios y más aún, si están dentro de los 16 sectores considerados vulnerables de acuerdo con la Ley Antilavado, debemos cuidar con quién hacemos negocios; es decir, conocer bien quienes son nuestros clientes y proveedores.
Ya que como empresarios con conciencia de la realidad en la que vivimos, no solo debe importarnos vender. Debe importarnos también cuidar la gestión interna de nuestro negocio para evitar caer en situaciones que nos lleven a facilitarle a la delincuencia organizada el “blanqueo de los recursos ilícitos”, y que, por ello, nos puedan involucrar en investigaciones de lavado de dinero, afectando nuestra reputación. Además, nos pueden congelar las cuentas bancarias, e imponer multas, sanciones por incumplimientos a la Ley Antilavado, entre otros.
Y es que en muchas ocasiones se cree que, al cumplir con esta ley se está exento de estas graves consecuencias. La realidad es que no es así. No basta con cumplir con esta ley para estar cuidar de nuestro negocio. Para protegerlo, debemos procurar que al interior de nuestra empresa se viva día a día en un ambiente de alerta, detección y prevención de este delito.
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