«La transformación digital de una organización también implica una transformación en la relación con los clientes y la utilización de nuevos canales para la difusión de los servicios y productos.»
No cabe duda de que 2020 ha significado para muchas empresas imprimir un impulso a su digitalización de manera inesperada y la carrera continuará en 2021. Si bien muchas organizaciones ya tenían en mente asumir esta transformación, aunque de manera más gradual, también es cierto que muchas otras se han visto, de la noche a la mañana, abocadas a ello como una fórmula de supervivencia. Por ello, creo que puede ser interesante resumir muy sucintamente los grandes puntos para abordar un proceso de este tipo.
Una evolución de este tipo no se puede afrontar de cualquier manera y necesita ser desarrollada mediante la definición de una estrategia. No podemos olvidar que las características del mundo físico no son las mismas que las del mundo digital y lo que funciona en un escenario offline no tiene porqué tener éxito necesariamente en el entorno online.
Para abordar su digitalización, y quizás sea el punto fundamental, las organizaciones no sólo han de tener en cuenta la incorporación y el uso de la tecnología a sus procesos, sino también asegurar el cambio cultural de todos sus miembros. Esta evolución de la cultura implica asumir el modelo de negocio digital, que en numerosas ocasiones implica capacidad para explorar nuevas oportunidades de negocio y acceso a más usuarios y consumidores.
El punto de partida exige hacer un diagnóstico de la situación, es decir, conocer los puntos fuertes y débiles del negocio. Definiendo cuáles son las expectativas a corto, medio y largo plazo, podremos elaborar un diagnóstico que permita articular una hoja de ruta con el objetivo de avanzar hacia un modelo de empresa capaz de acceder y beneficiarse de todas las oportunidades que va a brindar la transformación digital.
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Una vez tenemos claros los grandes pilares de nuestro proyecto, es necesaria una apuesta decidida por la formación de los recursos humanos de la empresa. Resulta imprescindible implantar una cultura digital y ello, en la mayoría de los casos, pasa por la formación. Además, tengamos en cuenta que no sólo se trata de adquirir conocimiento sobre nuevas habilidades, sino que muchas veces también será necesario un cambio de mentalidad acorde al nuevo modelo de negocio.
Tras ello, deberemos analizar la incorporación de nuevas tecnologías a nuestra organización. No hemos de olvidar que la digitalización de una empresa consiste, de manera muy simplificada, en el paso de usar herramientas tradicionales a la utilización cotidiana de nuevas tecnologías. El mercado ofrece multitud de soluciones, pero no todas son adecuadas para cualquier negocio. De ahí que sea prioritario establecer unos objetivos para elegir aquellas que mejor se adapten a las necesidades de la empresa.
No hemos de olvidar que una vez empecemos a dar nuestros pasos en el proceso de digitalización podemos encontrarnos en la necesidad de buscar talento en recursos con un alto perfil digital, no solamente para sacar el máximo rendimiento de nuestras herramientas, sino también para que nos aporte una visión TIC que igual no tiene nuestro negocio. Con todas estas premisas anteriores, podemos comenzar a trabajar, gestionar y tomar decisiones a medio plazo. Una vez todo esté en marcha es seguro que dentro de la organización también emergen nuevos modelos de liderazgo.
Por último, y no menos importante, hemos de tener en cuenta que la transformación digital de una organización también implica una transformación en la relación con los clientes y la utilización de nuevos canales para la difusión de los servicios y productos. Por ello, el uso de nuevas herramientas de comunicación y la puesta en marcha de una robusta estrategia de marketing digital son igualmente esenciales.
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