«La modalidad de trabajo que parece cobrar más fuerza es la híbrida, ya que permite destinar espacios a la transmisión de conocimientos, generar vínculos entre los diversos equipos de trabajo y planificar grandes proyectos.»
Una vez que los casos de contagio empezaron a disminuir considerablemente y gracias al avance de los esquemas de vacunación, las distintas empresas comenzaron a barajar cuáles eran las opciones de volver a la presencialidad lo antes posible. De hecho, al día de hoy, una gran cantidad de compañías ya implementó la vuelta presencial y la tendencia va en aumento.
Microsoft es un claro ejemplo de esto, si bien en septiembre del año pasado la empresa había suspendido el retorno de sus más de 100.000 empleados de manera indefinida, hace algunos meses la compañía anunció que a partir del 28 de febrero sus empleados tendrán 30 días para volver a trabajar presencialmente, dando inicio a una nueva modalidad de trabajo híbrido.
En Chile, en tanto, según el estudio “Redefiniendo los modelos de trabajo en Latinoamérica”, que realizó WeWork en colaboración con HSM, un 88% de los chilenos considera que el trabajo híbrido es el modelo ideal post pandemia, revelando además que el tiempo es un factor clave en esta decisión, ya que un 77% de los encuestados afirma que la principal desventaja de los modelos de trabajo tradicionales/presenciales son la pérdida de tiempo en desplazamiento y viajes.
Existe una clara diferencia de posturas entre los colaboradores y quienes dirigen las empresas. En este periodo nos hemos dado cuenta que en Chile (y en varios otros países) no teníamos una cultura laboral lo suficientemente madura para poder trabajar a distancia. La mayoría de las compañías no tenían las herramientas digitales para poder trabajar de manera remota; los líderes no contábamos con las herramientas para liderar a nuestros equipos en este nuevo formato y, muchas veces, los colaboradores no tenían la disciplina necesaria para poder trabajar en estas condiciones. Esto impactó de tantas formas como era posible: una alta acumulación de estrés, jornadas interminables (o, por el contrario, demasiadas distracciones) y un rendimiento distinto al que estábamos acostumbrados.
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Pero la realidad hoy es que, si bien las compañías se sienten preparadas para el retorno de sus colaboradores a las oficinas, ellos (o la mayoría de ellos) ya no están disponibles para trabajar en esas condiciones. Esta realidad ha llevado a que muchísimas empresas hayan visto partir a sus mejores talentos al anunciarles el “esperado” retorno a la oficina.
Al ser testigos de esta realidad, uno se cuestiona si es verdaderamente imperativo que los colaboradores vuelvan a la oficina, pero también nos preguntamos, desde la otra óptica, si durante dos años los trabajadores se quejaron de las tediosas jornadas de trabajo, ¿por qué ahora no quieren volver a la normalidad pre-pandemia? o, mucho más simple aún: ¿Podemos llegar a un justo medio? y, considerando todo lo anterior, ¿Cuál es, en definitiva, el presente del trabajo?
Resulta clave saber cómo adaptar la cultura organizacional a las necesidades del mercado (y, por cierto, también del mercado laboral) para lograr trabajar de manera remota o física. Ya parece imposible volver a un modelo como el que teníamos en 2019. En estos 2 años de pandemia hemos cambiado y la modalidad de trabajo que parece cobrar más fuerza es la híbrida, que no sólo permite destinar espacios a la transmisión de conocimientos, generar vínculos entre los diversos equipos de trabajo o planificar grandes proyectos, sino que, a la vez, mantiene la eficiencia de los tiempos y permite la organización del trabajo remoto.
Un modelo de trabajo ‘flexible’ no sólo es flexible respecto del lugar desde donde se trabaja, sino que, por sobre todo, se adapta a las necesidades de los empleadores y sus colaboradores, acercando los intereses y expectativas de ambas partes.
Sin duda, es clave seguir trabajando las destrezas y habilidades que tanto líderes como colaboradores necesitamos para poder funcionar de la mejor manera posible en este nuevo escenario, pero es importante confiar en que cada uno de nosotros está tomando esas decisiones evaluando el impacto de éstas con la información necesaria y entendiendo los dolores de nuestros propios negocios y colaboradores.
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