Los tiempos de crisis se caracterizan porque los mercados financieros evidencian comportamientos particulares protagonizados por episodios de altas volatilidades, por la precipitada caída en los precios de los diferentes activos que los componen. Normalmente, las crisis suelen materializarse por la afectación de uno o varios sectores de la economía los cuales así mismo permean otros sectores dentro de la cadena productiva, generando así un entorno de debilitamiento de las condiciones financieras de un país, región o a veces a nivel global.
En la coyuntura actual, se puede evidenciar que un evento de salud pública ocasiona una parálisis colectiva del aparato productivo de la economía a nivel mundial, debido a las medidas de aislamiento preventivo tomadas por la mayoría de los gobiernos y sus impactos sobre la manera de trabajar en la mayoría de los gremios, la capacidad de producir en las industrias y hasta la manera de relacionarnos a nivel social. No obstante, dado que de manera preventiva se está preservando la salud de la población, algunas líneas de la cadena productiva sencillamente no paran, pues hay que atender la demanda de la población no contagiada que ahora adapta su trabajo, sus actividades personales y aún sus relaciones sociales a unas condiciones de aislamiento en sus hogares. A este fenómeno se debe añadir la demanda que por obvias razones se aumenta de parte del sector de la salud entorno al combate de la pandemia.
Al considerar un escenario de cuarentena total o parcial como los que se han vivido durante los últimos 4 meses en el país, resulta lógico esperar una afectación generalizada de la economía que implique un ajuste de las proyecciones económicas frente al panorama divisado antes de la pandemia. Por lo tanto, resulta casi imposible hablar de inversiones completamente seguras durante una crisis, esto adicional a las condiciones naturales que se deben tener en cuenta en una inversión (cualquiera que sea) las cuales siempre implicarán la necesidad de identificar los riesgos asociados a esta. No obstante, y como se mencionó anteriormente, aún en la coyuntura actual hay sectores de la economía que claramente se pueden ver beneficiados; estos sectores pueden analizarse como objetivo de inversión teniendo en cuenta la premisa de que ante la crisis actual se maneja un grado de incertidumbre respecto del momento en el cual se logrará neutralizar y controlar el virus del COVID-19.
Bajo estas condiciones, una estrategia de inversión debería enfocarse:
En primera instancia, en contar con una alta participación (mayor a la habitual) en instrumentos líquidos tales como cuentas de ahorro o Fondos de Inversión Colectiva (FICs) con disposición de recursos a la vista;
En segunda instancia, disponer de inversiones de corto plazo tales como CDTs o FICs con pacto de permanencia (menores a 1 año).
Finalmente, y en una menor proporción se pueden manejar inversiones en aquellos sectores estratégicos cuya evolución durante la crisis haya evidenciado un fortalecimiento. Ya sea en el mercado de renta variable o de renta fija, esta exposición a empresas, emisores o sectores de la economía que resulten interesantes deberá ser monitoreada conforme a la evolución de la coyuntura. Algunos de los sectores cuyos servicios y productos han experimentado un incremento significativo hasta ahora son: Agropecuario como abastecedor de alimentos del país, Telecomunicaciones como proveedor de servicios de comunicación y Comercio Electrónico como canal sustituto de ventas entre otros.
“Resulta casi imposible hablar de inversiones completamente seguras durante una crisis, esto adicional a las condiciones naturales que se deben tener en cuenta en una inversión (cualquiera que sea) las cuales siempre implicarán la necesidad de identificar los riesgos asociados a esta.”
Vale la pena también analizar e investigar cuales de estos servicios y productos son sensibles de evidenciar una caída en su demanda una vez se restrinjan y desaparezcan las medidas de confinamiento, es decir, que carezcan de sentido una vez se superen las condiciones de aislamiento y aún una vez se supere el virus como tal.
Si por el contrario, los efectos de la pandemia lograron un efecto de tal magnitud que los canales y estrategias ideados para garantizar el acceso a diversos productos y servicios resultan ser tan eficientes y eficaces que se reemplazan la manera de acceder a estos, allí se podrían evidenciar los mayores puntos de interés. Si estos sectores de interés no se encuentran directamente relacionados con instrumentos de inversión al alcance del público, resulta relevante analizar aquellos vehículos de inversión que exponen parte o la totalidad de sus inversiones a activos no tradicionales enfocados en recoger las oportunidades que prometen dichos sectores.
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