El acceso de nuestros jóvenes a la educación superior es una apuesta por el desarrollo de sus proyectos de vida desde la familia y desde las instituciones de educación superior que los acogen una vez que se cierra el ciclo de formación media o cuando ellos cuentan con los recursos necesarios, en los casos de aquellos jóvenes que trabajan y estudian al mismo tiempo. proyecto de vida
En este sentido, la misión del nicho familiar es muy importante en dos sentidos, el primero es el acompañamiento de los hoy todavía adolescentes que llegan a las universidades en búsqueda de su carrera profesional y de la construcción de los itinerarios de formación que los conducirán a obtener su título, en medio de un mundo que camina hacia una, cada vez mayor, flexibilización de los procesos formativos a través de ciclos propedéuticos, certificaciones académicas, insignias digitales, reconocimiento de saberes, validación u homologación de contenidos ya cursados.
Y el segundo, en el acompañamiento en los momentos de deserción, de cambio de carrera, de pérdida de componentes. Lo cual se suma a las situaciones complejas de nuestros jóvenes, marcadas por la soledad, la ansiedad, el consumo de sustancias psicoactivas y los problemas de salud mental hoy tan frecuentes en la población estudiantil. Aquí la contención, la presencia, el compromiso de la familia, a veces ausente, es de vital importancia, sin ella las universidades no alcanzan a acompañar de manera efectiva e integral a los estudiantes para el logro de su éxito académico y su inserción laboral. proyecto de vida
No es fácil para los adultos comprender que para las nuevas generaciones la vivencia del tiempo y su sentido trasciende el cronos, y se sitúa en el plano de un trascurrir rápido y subjetivo de las horas que no deja, en muchos momentos, espacio y tiempo a la conciencia de que el semestre avanza, los cortes llegan y con ellos las evaluaciones de los aprendizajes y los resultados que permiten escalar la montaña para llegar a la cima de la titulación. proyecto de vida
“La misión del nicho familiar es muy importante en dos sentidos, el primero es el acompañamiento de los hoy todavía adolescentes que llegan a las universidades en búsqueda de su carrera profesional y de la construcción de los itinerarios de formación que los conducirán a obtener su título, en medio de un mundo que camina hacia una, cada vez mayor, flexibilización de los procesos formativos a través de ciclos propedéuticos, certificaciones académicas, insignias digitales, reconocimiento de saberes, validación u homologación de contenidos ya cursados.”
Así, para nuestros jóvenes la educación superior ofrece un ambiente nuevo de aprendizaje donde la diversificación de experiencias es amplia y tiene que ver con múltiples aspectos de la cotidianidad de las IES, tales como: la organización de los horarios, el número de créditos que se cursan representados en un determinado número de componentes académicos, los nuevos compañeros y profesores, los lugares de socialización y diversión, o los trabajos a medio tiempo o por horas, elementos nuevos que les implica asumir múltiples responsabilidades que si no se administran correctamente pueden afectar no solo su desempeño académico, sino también otros aspectos vitales. De igual manera la familia debe integrarse a estos nuevos ambientes y necesidades de sus hijos con: recursos económicos, comunicación, cercanía, interés por sus procesos académicos, contención ante las dificultades y frustraciones. El ingreso a la universidad no rompe la relación entre la familia y la institución educativa, sino que la transforma e implica que se asuma desde el empoderamiento, la autonomía y la autorregulación. proyecto de vida
En este contexto, el rol de las universidades trasciende la comunicación y la producción de conocimiento y las sitúa en el desafío humano que representa el acompañamiento integral del estudiante, con la implicación de profesores, directivos, administrativos y familia. Esta es la red de apoyo extensa de quienes inician o continúan su formación sea en el pregrado o en el posgrado con el fin de asegurar un tránsito exitoso por la universidad en su: ingreso, permanencia, graduación e inserción laboral.
Por otra parte, en la sociedad de la información, la comunicación y el conocimiento, al alcance de todos a través de las múltiples redes y sus conexiones, las instituciones de educación superior se preguntan por las habilidades, por las competencias que demanda la industria, y por el perfil de ser humano que forman. Este es el horizonte humanista de la educación para lo superior, que parte de la persona y centra en ella los procesos formativos y educativos, como respuesta concreta a la construcción de una sociedad más humana, justa y solidaria. Entonces, la apuesta por la formación de las nuevas generaciones no se conjuga en futuro sino en presente, ellas son el presente de la sociedad y el país.
También le puede interesar
La relación Universidad-Empresa: Desarrollo, Crecimiento e Innovación












