El acceso, uso y apropiación de la tecnología digital se ha convertido en un factor determinante para el desarrollo y la inclusión social en América Latina y el Caribe. Sin embargo, según un estudio reciente del Banco Mundial, el 38% de la población de la región se encuentra excluida debido a los altos costos, la falta de interés y la carencia de habilidades digitales. Además, solo el 28,1% posee competencias digitales básicas, en comparación con el 64% de los países de la OCDE.
Para lograr que la tecnología y el acceso a internet contribuyan a reducir las brechas sociales, es fundamental abordar factores educativos, culturales e infraestructurales, así como adoptar enfoques multisectoriales que involucren a los actores públicos, privados y sociales. La reducción de estas brechas se produce cuando las personas utilizan y se apropian de la información y el conocimiento para mejorar diferentes aspectos de sus vidas, como su educación, salud, oportunidades laborales, la adquisición de bienes y servicios o la influencia en las políticas públicas, entre otros. Esto también implica tener la capacidad de discernir, por ejemplo, para identificar noticias falsas, y de desarrollar un criterio sólido para tomar decisiones informadas.
Según la Alianza para un Internet Asequible (A4AI por sus siglas en inglés), se deben abordar cuatro elementos en paralelo para que las personas tengan experiencia digital (en línea) segura, satisfactoria, enriquecedora y productiva:
- Acceso de alta velocidad, frecuente y asequible;
- Las habilidades adecuadas para usarlo;
- Contenidos y herramientas relevantes que satisfagan sus necesidades; y
- Políticas que promuevan el acceso, la libertad y protejan los derechos en línea.
Desde mi experiencia, las acciones se deben centrar en el desarrollo y fortalecimiento de las habilidades digitales para lograr sociedades más equitativas, pues, aunque hay nuevas infraestructuras, información y servicios en línea, muchas personas carecen de las habilidades necesarias para aprovechar al máximo el potencial de la tecnología.
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Los enfoques tradicionales de promoción tecnológica se han basado en la entrega de computadores u otros dispositivos, que se deben complementar con los procesos educativos adecuados para lograr el uso cotidiano de la tecnología según las necesidades de cada persona. Al abordar estas necesidades educativas, se puede avanzar hacia un estado de equidad digital, donde todas las personas tengan las mismas oportunidades de acceso, conocimiento y capacidad para utilizar la tecnología, sus contenidos y herramientas digitales.
La equidad digital es buena para las empresas, para los Estados y para las organizaciones sociales pues permite que la información, los servicios y el conocimiento llegue a cualquier lugar sin importar la distancia.
Es esencial tener en cuenta que la inequidad digital afecta principalmente a ciertos grupos, como mujeres, minorías étnicas, personas de bajos ingresos, personas mayores y residentes en áreas rurales. En contraste, aquellas personas con mayores ingresos y que viven en áreas urbanas suelen tener un acceso más fácil y económico a la tecnología, así como habilidades más desarrolladas para utilizarla. Según el Foro Económico Mundial, los hombres tienen un 52% más de probabilidades de tener acceso a internet que las mujeres en los países menos desarrollados del mundo.
Por esto, todos los sectores de la sociedad deben actuar coordinadamente para que estas disparidades no sigan aumentando. La tecnología avanza más rápido de lo que muchas personas y la sociedad en general son capaces de apropiarla, lo que nos lleva a un punto crítico donde se necesita actuar con decisión, coordinación y estrategia.
Finalmente, es clave recordar, que antes de introducir cualquier tecnología en una comunidad o grupo de interés, es necesario plantearse: ¿para qué se va a utilizar esta tecnología? Es crucial recordar que la tecnología es un medio, no un fin en sí mismo. Su valor radica en el uso que se le dé y cómo mejora la vida de las personas.
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