«El Big Data y la Inteligencia Artificial dejaron de ser un slogan para transformarse en el nuevo estándar para la planificación y la toma de decisiones.»
La intuición como concepto y sus utilidades se han romantizado al punto de justificar el accionar propio en base a lo que sentimos. Nunca falta el ejemplo de aquellos genios que siguieron sus percepciones o sus latidos para tomar decisiones que cambiaron el mundo.
Pero aunque creamos que nuestras decisiones son acertadas, la simple intuición de saber que algo es correcto no alcanza para comenzar a planificar o accionar el camino que nos llevará al éxito. Esto último se debe justificar con datos y experiencias que nos permitan entender dónde estamos y a dónde queremos ir. Si el objetivo de una compañía es, por ejemplo, aumentar su porción de mercado, la mejor estrategia será basar sus acciones en datos cuantificables porque permitirán comprender mejor el escenario competitivo para así definir el plan más efectivo.
Las empresas que inyectan big data y análisis en sus operaciones superan a sus pares en un 5% en productividad y un 6% en rentabilidad. (McKinsey&Company). Adicionalmente, según PwC, las empresas basadas en datos tienen un promedio de hasta tres veces más de probabilidades de conseguir mejoras significativas en sus procesos.
La inteligencia artificial y el Big Data permiten poner en números los esfuerzos realizados, ya sean propios o de la competencia, para comparar la performance. Y en base a los resultados se pueden tomar decisiones estratégicas fundamentadas en estadísticas.
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Reemplazando la subjetividad de los instintos se tomarán caminos con más confianza, consiguiendo resultados superadores. Con suficiente conocimiento es posible aprovechar los datos de una manera proactiva para, por ejemplo, identificar espacios de oportunidad en términos de negocio, detectar amenazas antes de que se vuelvan demasiado graves o gestionar las estrategias de incidencia pública de manera efectiva.
Pero cuidado, si bien los datos pueden mostrar un patrón o sugerir un resultado, si el proceso de recopilación e interpretación de datos tiene defectos, cualquier decisión basada en esos datos sería inexacta. El desafío no es recolectar información, sino sistematizarla, volverla operativa e interpretarla en base a tecnología, pero también a la experiencia.
La Pandemia aceleró los procesos de transformación digital en las empresas generando un punto de inflexión sin retorno en la manera en la que gestionan sus estrategias de posicionamiento e incidencia.
Todos somos testigos de la revolución tecnológica que están viviendo organizaciones líderes de múltiples sectores. El Big Data y la Inteligencia Artificial dejaron de ser un slogan para transformarse en el nuevo estándar para la planificación y la toma de decisiones.
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