«La enorme ventaja de la administración del conocimiento, puede afirmarse que se convierte en un activo renovable con valor estratégico en constante evolución.»
Sin ninguna duda, el conocimiento a lo largo de la historia humana ha jugado un papel primordial en el desarrollo del ser humano. Es obvio que, sin este activo intangible, nacido en la mente de las personas, la vida sería posible. Lo trascendente y novedoso de este recurso intelectual es la manera como, ahora, lo estamos utilizando.
Nunca como hoy, el conocimiento se ha posicionado como un elemento central y crucial capaz de generar, a una velocidad sorprendente, beneficios tan grandes y diversos en el seno social. Desde una mejor atención médica suministrada por el sistema de salud de algún país, hasta las innovaciones más extraordinarias producidas por alguna empresa, son parte de esta revolución del conocimiento.
Las empresas, los organismos civiles o los países que todavía no están utilizando (administrando) el conocimiento que generan, quedarán a la zaga frente a un entorno caracterizado por el cambio continuo y la velocidad con la cual se mueven hoy los procesos sociales, económicos o políticos en el mundo globalizado.
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En el terreno de las empresas, por ejemplo, las que no puedan moverse de manera veloz y oportuna, están frente a una clara desventaja ante las que se encuentran administrando conocimiento con el fin de que sus productos o servicios salgan lo antes posible al mercado, con una calidad alta y un grado de innovación importante que satisfagan de modo real las necesidades de los clientes.
En las empresas de hoy la Administración del Conocimiento (A.C.) o Gestión del Conocimiento (G.C.) se ha convertido en un proceso formal para facilitar la transferencia de conocimientos entre sus integrantes. En este contexto, el conocimiento tácito, es decir, la información que un empleado sabe, pero que no necesariamente se halla de manera formal documentada o compartida porque no sabe cómo transferirlo, cobra gran importancia para sobresalir de la competencia.
El proceso de la administración del conocimiento adquiere, aquí, sentido y utilidad práctica debido a lo siguiente: la AC es el sistema que se encarga de transformar el conocimiento tácito (el saber cómo se hace) en conocimiento explícito (datos e información), el cual es puesto a disposición de todos los miembros de una colectividad para, al mismo tiempo, crear más conocimiento, solucionar problemas, mejorar el servicio a los clientes, innovar o corregir errores.
Por lo anterior podemos concluir que si se analiza con detenimiento la enorme ventaja de la administración del conocimiento, puede afirmarse que se convierte en un activo renovable (con valor estratégico en constante evolución) que provee a cualquier corporación o entidad de una capacidad de autoaprendizaje e “inteligencia propia” encaminada a la adquisición y creación de mayor conocimiento con grandes ventajas competitivas. ¿Y en tu organización actualmente se aplica la gestión de conocimiento?
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