«Los líderes deben comunicar que las enfermedades mentales son algo que nos pasa a todos, y que no puede haber cabida para la discriminación o los señalamientos sobre la salud mental de los demás.»
Las patologías de salud mental se están convirtiendo en una pandemia silenciosa. Solo el 25% de los empleados se siente cómodo hablando con su gerente o RR.HH sobre su salud mental y 8 de cada 10 empleados dicen que el estigma les impide recibir tratamiento.
Aunque hoy hay más apertura con el tema, lo cierto es que falta mucho por hacer. La forma en que trabajamos en Latinoamérica no es sostenible a largo plazo y está dañando nuestra salud mental. Cada jefe desempeña un papel fundamental en la protección de la salud mental de las personas en el lugar de trabajo. Son ellos quienes controlan el flujo de trabajo y establecen las metas y expectativas que los demás deben cumplir. No somos máquinas, de hecho, mientras más nos diferenciemos de ellas, mejor estaremos en el futuro, pues sólo lo que nos hace profundamente humanos puede elevarnos para hacerle frente a los enormes retos que vienen en camino.
Los líderes son responsables de cuidar la salud mental de los empleados. El rol de los líderes es brindar a los empleados un entorno en el que puedan prosperar. La calidad de vida en el trabajo es un factor fundamental para la productividad, el desempeño y la retención. El problema es que también los líderes sufren problemas de salud mental y esto se refleja en la cultura de las empresas.
Según una encuesta que elaboraron SAP y Qualtrics a nivel global, el 40,5% de los directores ejecutivos y miembros del C-suite informan una disminución notable de la salud mental en el último año, y también el 40,1% de los gerentes y mandos medios.
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Una cultura de trabajo saludable comienza con el líder. Si el líder no ejemplifica hábitos saludables, será difícil implementar cambios en una organización. Muchos empleados son seguidores y hacen lo que muestra el líder. Es importante que los líderes den un ejemplo siendo abiertos sobre sus luchas internas y mostrando a los empleados cómo lidian con ellas día a día, esto crea un entorno seguro para que todos los demás compartan, lo que puede generar mayor conciencia dentro de la organización. Modelar la apertura y la vulnerabilidad como fortalezas, no debilidades, contribuye en gran medida a reducir el estigma y establecer el tono de la transparencia.
Es esencial que los líderes reconozcan que son modelos a seguir de buena salud. Este es uno de los aspectos más importantes al intentar crear un lugar de trabajo saludable. Los líderes deben comunicar que las enfermedades mentales son algo que nos pasa a todos, y que no puede haber cabida para la discriminación o los señalamientos sobre la salud mental de los demás.
Los líderes deben ser abiertos sobre sus experiencias con las enfermedades mentales y mostrarles a sus empleados cómo las superan. También es fundamental invertir en formación sobre la compasión para los empleados, especialmente en empresas que tienen una cara directa al cliente, pues lo que el empleado vive, lo transmite y expande con todas las personas con las que interactúa.
Si eres un líder, tienes la responsabilidad de recuperar y mantener tu salud, pues los demás seguirán tus pasos. Si quieres convertirte en un líder tienes que saber que el mundo necesita personas cada vez más compasivas e integrales, lo cual se genera con la práctica diaria.
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