Una de las frases que se escuchan cuando hay algún conflicto es “¿A que está jugando? Pues bien, aunque irónica no está alejada de la realidad. La vida, nuestra vida, es un gran juego con grandes recompensas, pero también con pérdidas, detenciones, pares, consecuencias, premios… el tema es ¿Qué clase de jugador he elegido ser? Solo basta ver nuestros resultados actuales para saberlo. Y si esto es en la vida en general, en las empresas también hay jugadores y juegos.
Ahora, y si esto es así ¿cómo encajan los juegos en el ciclo de productividad de una empresa? La respuesta es: en todo, porque los juegos son una simulación de la realidad, más simple y divertida. Por ello son ideales para generar conversaciones de efectividad en un equipo, para desarrollar competencias tan importantes en una empresa como liderazgo, comunicación o para encontrar la manera de explicar un producto o servicio en forma atrayente y tentadora.
Los resultados de una empresa no son un juego, pero sí es una herramienta sencilla que nos permite en un ciclo de formación generar rápidamente espacios de confianza que permitan abordar desde la reflexión y el compromiso aquello sobre lo cual no habíamos podido conversar.
“Pensar en una jugada es definir cuál es el siguiente paso a seguir, tomar decisiones e ir a por ellas. Depende de la estrategia de cada cual lo que ocurrirá después”
¿Y cómo es eso? Cuando jugamos “hacemos de cuenta” que vivimos una situación. A pesar de que mentalmente sabemos que “sólo es un juego”, nuestras emociones y valores se sienten comprometidos y a partir de allí permite ensayar y aprender nuevas opciones de comportamiento. Sabemos que “no es verdad, sólo estamos jugando”.
Pero seamos claros, no estoy hablando de dinámicas de recreación o pausas activas. Estamos hablando de actividades lúdicas y por qué no, divertidas, concebidas para el desarrollo de competencias y habilidades personales, profesionales y de equipo.
Entonces, no hay castigos, ni premios; es un ensayo, pero luego ese ensayo lo llevamos a la realidad, porque el aprendizaje de nuevos conceptos y teorías resulta vacío si no se aplica a la realidad inmediata. Cuántas veces pensamos: “¡Qué interesante! … ¿Para qué me sirve?” o se hacen inversiones en talleres teóricos y conceptuales muy fundamentados, pero a la semana un porcentaje muy bajo de los participantes reconoce estar aplicando algo de lo allí visto.
Veamos lo que sucede en la temporalidad de un entrenamiento a partir de un juego:
– El juego se realiza en el PRESENTE: el estado de ánimo durante el aprendizaje es el óptimo: alegría, confianza y deseos de compartir experiencias.
– Y una vez se juega nos vamos al PASADO: en la reflexión de cada juego se analizan anécdotas similares que han ocurrido: ¿En qué se parece esto a la realidad? ¿Qué podría haber hecho en ese caso? ¿Cómo puedo reaccionar la próxima vez que esto suceda?
– Y es aquí cuando entra en escena el FUTURO: Los conceptos a aprender se extraen de lo vivenciado y se aplicarán en situaciones similares. De hecho, personalmente en mis capacitaciones o sesiones con equipos no cierro ningún juego sin que los participantes hayan declarado compromisos y acciones individuales y/o como equipo – depende el énfasis de la capacitación-.










