Por: Agustín Morales Rubio Presidente COMPUTEC
Los últimos años, extraños acontecimientos han venido marcando la cotidianidad de nuestra vida. Pareciera ser que ya nada es como lo habíamos pensado y visto. La forma en que viajamos, nos relacionamos, trabajamos, elegimos y nos eligen, nos transportamos, nos comunicamos e incluso pensamos, se ha visto marcada por la introducción de herramientas tecnológicas que han revolucionado prácticamente todas las actividades humanas.
Son pocas las épocas de la humanidad en que se alínean factores que permiten verdaderas transformaciones culturales, y nosotros estamos en medio de una de ellas.
Tal vez desde la revolución marcada por la invención de la imprenta a mediados de 1440, no se habían visto desarrollos que permitieran prever el inicio de una nueva era con consecuencias aún insospechadas para todos los seres humanos. La revolución industrial de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, introdujo enormes cambios en nuestras vidas ya que la combinación de factores de producción nos permitió desarrollar procesos productivos que facilitaron el crecimiento económico, el transporte y el comercio de bienes entre las naciones.
Al día de hoy hemos evolucionado de un escenario en donde se producía mucha información a otro en donde existe el concepto universal y la disposición permanente de toda la información. No se trata, por lo tanto, de acceder a ella pues ya todos lo podemos hacer, se trata entonces de cómo la manejamos, la ordenamos, la transformamos y la utilizamos con el propósito de volver más eficiente el uso de los recursos de producción.
«Los retos han cambiado, y es en la capacidad y rapidez con que logremos integrar mediante herramientas tecnológicas los datos producidos, y derivados de las actividades económicas, donde se encuentra la clave para el ingreso a economías más competitivas, eficientes y desarrolladas”
Los retos han cambiado, y es en la capacidad y rapidez con que logremos integrar mediante herramientas tecnológicas los datos producidos, y derivados de las actividades económicas, donde se encuentra la clave para el ingreso a economías más competitivas, eficientes y desarrolladas.
En buena hora, nuestras autoridades económicas lideradas por el Ministerio de Hacienda y la DIAN han tomado la decisión, acompañada de una legislación ya aprobada por el Congreso de la Republica, de incorporar la obligatoriedad de facturación electrónica en las actividades comerciales que se desarrollan en el país. Tal vez sin proponérselo y con la noble intención de mejorar el recaudo tributario y disminuir los mecanismos de evasión y elución, se está logrando dar un gigantesco paso en la incorporación de nuestra economía a la Era Digital y por consiguiente estamos alineando unos de los principales elementos de la economía de mercado con la transformación cultural que vive la humanidad. Esto nos permitirá, que tanto las instituciones, las empresas y las personas naturales se alineen en procesos muchos más eficientes e inclusivos y, por consiguiente, comencemos a cerrar la brecha de ineficiencia en productividad que tenemos actualmente.










