El resultado lógico del fin del conflicto debería reflejarse en el crecimiento económico, el mejoramiento de la calidad de vida, la construcción de un escenario más justo, y el fortalecimiento de la capacidad colectiva para enfrentar nuevos retos, desde la esperanza de un futuro incluyente.
Pero la realidad es un poco diferente. Estamos enfrentados a una especie de “gatuperio social”, en el que se combinan: un crecimiento sin oportunidades de empleo formal; mediocres niveles de educación con dificultades de acceso, pero que cada día es mejor negocio; crecimiento incontrolado de la informalidad en todas sus manifestaciones; y la respuesta del Estado, que ha sido asistencialista introduciendo nuevos subsidios, que al final son incentivos a la informalidad y a la creación de nuevos focos de corrupción; ingredientes todos en los que se está sembrando una nueva y sofisticada forma para producir mayor pobreza y desigualdad.
Nuestra fuerza laboral y la del futuro, se está desarrollando en medio de un ambiente de dilemas sociales, que necesariamente afectará el sector productivo, pues la cultura empresarial que surja producto de los nuevos ambientes laborales, serán la consecuencia directa del estilo cultural de sus actores y de los nuevos hábitos de trabajo que de allí se deriven.
En este escenario, los riesgos laborales serán cada día mayores y en particular los factores generadores del Riesgo Público, considerando el bajo impacto que para los programas de salud laboral y de gestión del riesgo representan actualmente, sumado al creciente nivel de vulnerabilidad real, frente a este tipo de riesgos.
Pero, ¿qué es Riesgo Público?
Un accidente de trabajo puede tener dos orígenes:
- Una situación accidental en la que se puede estar presente un acto inseguro o una condición insegura, o la combinación de las dos variables, tal como lo conocemos hoy en los programas de salud laboral.
- Una conducta intencional que de manera consiente prepare la condición insegura o provoque el acto inseguro, pero que también actúe de manera directa en contra de un trabajador o de un grupo de trabajadores con la “intención” de causar daño o generar lesiones.
En la conducta intencional está la diferencia. Todos aquellos accidentes e incidentes laborales cuyo origen se encuentre en este tipo de conductas, hacen parte del escenario del Riesgo Público.
Las enfermedades laborales originadas en factores de Riesgo Público, tienen que ver con las consecuencias físicas o psicológicas resultantes por vivir una situación de agresión.
Es común que las víctimas de robo, corrupción, saqueo, acoso, atraco, extorsión, atentados, secuestro y otras conductas típicas del Riesgo Público en el ambiente intralaboral o extralaboral, tengan cambios psicofísicos leves o traumáticos que afectan su calidad de vida y algunas competencias laborales.
La definición cultural más común sobre Riesgo Público que uno se encuentra, refiere todo lo que ocurre en los espacios públicos, exterior a las empresas, y que afecte la salud de las personas.
“Es común que las víctimas de robo, corrupción, saqueo, acoso, atraco, extorsión, atentados, secuestro y otras conductas típicas del Riesgo Público en el ambiente intralaboral o extralaboral, tengan cambios psicofísicos leves o traumáticos que afectan su calidad de vida y algunas competencias laborales”
Pero, esta es una definición muy ambigua que involucra una gran cantidad de factores no controlables y que complica los programas de salud ocupacional, a la hora de definir políticas y diseñar estrategias de prevención. Además, los factores reales de Riesgo Público se encuentran con mayor frecuencia y con más alta probabilidad dentro de las instalaciones de las empresas y en sus procesos productivos.
Siendo la conducta humana la principal característica en este tipo de factores de riesgo, es necesario detenernos un momento para analizar un poco la intencionalidad de las conductas cuyo propósito sea la de causar daño y/o generar lesiones, y para eso debemos entrar en los terrenos de la criminalidad, la psicología delincuencial y otras disciplinas, para luego interpretar mejor el impacto que las nuevas condiciones sociales consecuencia del post-conflicto tendrán en los ambientes de trabajo, y de manera particular en la salud laboral de los trabajadores en Colombia.
La economía formal es solo un pequeño ambiente, que ocupa su población trabajadora, y que además está cubierta y puede disfrutar de todos los beneficios de un buen programa de salud laboral, y es solo un componente de una gran atmósfera que la conforman además la economía informal, una economía que podríamos llamar de trabajo indecente, la economía delincuencial, la pobreza absoluta y otros fenómenos socio-laborales consecuencia de la misma necesidad de supervivencia, imperceptibles por la sociedad formal y por el Estado.
Son muchas y muy variadas las ansiedades que brotan en una atmósfera en la que su componente más pequeño y atractivo es el de la economía formal, porque en él están los sueños de toda una población productiva. Atractivo no solo por el deseo de querer hacer parte de ella, sino porque cualquier acción formal, informal, legal, ilegal o delincuencial que se emprenda, logra allí su mejor provecho. Además, la necesidad de mejoramiento para la supervivencia, la ansiedad por lograr mejor calidad de vida o para alcanzar sueños; motiva y estimula conductas formales, informales o delincuenciales justificables desde la óptica de la misma ansiedad o necesidad.
En nuestra historia más reciente, conductas ilegales y violentas como el sicariato, el terrorismo, el narcotráfico, el atraco y otras manifestaciones de gran impacto han surgido en medio de este tipo de fenómenos socio-laborales, igualmente otras conductas menos violentas, pero que no dejan de generar impacto como la corrupción, la estafa, y delitos de cuello blanco; tienen su origen en todas las esferas sociales, pero todas ellas tienen una justificación común que se encuentra en un marco cuyo extremo social inferior está en la necesidad de supervivencia, y en el otro extremo la desmedida avaricia, para satisfacer todos ellos sus intereses de la manera más fácil, y en medio de las motivaciones y las oportunidades que la sociedad indiferente y el Estado permisivo, han construido.
En nuestra cultura, afectada por la pérdida de valores y por una actitud generalizada en la que los derechos individuales están por encima de los deberes ciudadanos, laborales, familiares y personales; “el fin justifica los medios”!
En medio de estos fenómenos socio-laborales y la debilidad de la justicia, cualquier organización delincuencial pasada, presente o futura que quisiera desarrollarse, encuentra un escenario favorable y las condiciones ideales para lograr objetivos contundentes. El ambiente laboral empresarial no es ajeno, y por supuesto que ha sido contaminado por este tipo de conductas, y que generan factores de Riesgo Público.
El concepto del post-conflicto se refiere por ahora a las negociaciones con la guerrilla más antigua de la historia de Colombia; que está sacando ventaja y que ha generado una situación transitoria, pero que no va a cambiar de manera importante los factores generadores del Riesgo Público en el ambiente laboral de las empresas, sino que por el contrario se van a diversificar, pues en la práctica se puede estar incubando un nuevo tipo de economía social con cultura delincuencial, paralela a la economía formal o informal, que va a ser inicialmente imperceptible como otras, pero con necesidades de supervivencia, búsqueda rápida de calidad de vida y con sueños individuales por alcanzar, en medio de unas condiciones socio-laborales, por ahora muy poco propicias para lo bueno, y que al final va a seguir motivando y/o estimulando conductas intencionales de agresión dentro una población trabajadora muy vulnerable hoy, frente a este tipo de conductas.
El reto para los gerentes y líderes de las organizaciones empresariales, y para los responsables de la salud laboral, es el de identificar y/o reconocer inicialmente la amenaza real de acuerdo al ambiente socio-laboral en el que se desarrollan los procesos productivos de la empresa, y adaptarse a tiempo, a la dinámica de las condiciones que los cambios en los fenómenos sociales se van presentando. Tradicionalmente en el ambiente empresarial, esto es función del área de seguridad física, pero la salud laboral es responsabilidad directa del Gerente y cabeza visible de la empresa, que para su gestión delega el compromiso en un líder responsable interno de la salud laboral que debe ser integral, lo que significa que debe tener las competencias necesarias para gestionar también los factores de riesgo que provienen de conductas intencionales y que componen un programa de prevención en Riesgo Público.
Este compromiso deberá estar alineado con políticas adecuadas de administración del recurso humano, de relaciones industriales, de bienestar, de administración de los riesgos, de prevención y seguridad, y desarrollar sinergia en toda la organización para adaptarla a este nuevo reto, mejorando los modelos de flujo de información y de comunicación interna, para identificar de manera oportuna indicios que pudieran afectar la salud laboral y cuyo origen se encuentren en factores de Riesgo Público.











