«Si cedes fácilmente frente a tus valores por presiones o influencias externas, lo más probable es que debas trabajar en tu autoestima para que, desde tu propia autovalidación, construyas una plataforma sobre la cual tus valores se puedan sostener.»
Colarse, mentir piadosamente, copiarse en un examen, guardarse las vueltas del mandado, falsificar la firma del papá en una tarea del colegio, comerse un signo de «pare» manejando, falsificar un permiso, comprar a un policía de tránsito para evitar una multa… Todas estas acciones, pavorosamente cotidianas, tienen algo en común: forman parte de un camino que se va recorriendo de una manera, en apariencia inocente; un camino silencioso que lleva a muchas personas a cometer actos de mayor envergadura, parientes de los anteriores, como falsificar documento, comprar votos, apropiarse de recursos públicos, desfalcar empresas, sobornar, secuestrar, traficar con drogas, matar…
¡Piénsalo bien! Empiezas colándote y encontrando justificaciones internas para hacerlo. “voy de afán”, “hoy no alcanzo a hacer esta cola”, “yo soy más importante que los demás” son ejemplos de lo que dice esa voz interior para avalar ese acto de colarse, antiético y nada solidario. Entonces, te cuelas, bajo el amparo de tu justificación interna y, si no pasa nada y nadie dice nada, mañana das otro paso y te pasas un semáforo en rojo.
Observa la secuencia: 1. Justificación interna. 2. Verificación externa: No pasó nada, al menos en apariencia. Y si, de nuevo, no pasa nada y nadie dice nada, entonces lo siguiente es plagiar un trabajo y, cuando menos piensas, sobornas a un policía y echas el cuento con orgullo frente a tus amigos y a tus hijos. Y, si no pasa nada y nadie dice nada, quién sabe cuál será tu siguiente paso y qué consecuencias pueda tener.
Es que, allá en nuestro inconsciente, nuestro sistema de valores es flexible y subjetivo, con lo cual la frontera de lo bueno y lo malo, de lo correcto e incorrecto se puede correr imperceptiblemente. Es un camino en el que los valores pueden volverse flexibles, como un caucho, el cual cada vez cede más y, si no se pone un freno, puede conducir a acciones muy graves, más fácilmente de lo que piensas.
Philip Zimbardo, psicólogo social y profesor en las Universidades de Yale, Nueva York, Columbia y Stanford demostró cómo la cultura en la que estamos nos puede convertir en malvados o en héroes. Es importante no sólo librar la batalla interior para actuar en forma ética y responsable sino también para llamar a la reflexión y a la coherencia a quien está actuando en forma contraria. Todo esto depende de dos cosas:
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- Qué tan fuerte es tu autoestima.
- Qué tan consciente eres de actuar en coherencia con tus valores.
Si cedes fácilmente frente a tus valores por presiones o influencias externas, lo más probable es que debas trabajar en tu autoestima para que, desde tu propia autovalidación, construyas una plataforma sobre la cual tus valores se puedan sostener. Si no es así, tambalearán con facilidad y tu vida con ellos.
La segunda parte, la de coherencia, es la que te lleva a transmitir tus valores desde el ejemplo. Una sugerencia para quitarle flexibilidad a esa línea invisible que nos lleva a actuar de maneras inmorales y anti éticas es ser conscientes de esas justificaciones caprichosas que nos permitimos para hacer lo que nos conviene, a costa de nuestros valores y de los derechos de los demás, y conscientemente detenernos y observar la capacidad que tenemos de actuar correctamente.
Es ahí, según el profesor Zimbardo y mi experiencia propia, en donde reside nuestra capacidad de ser buenas personas e incluso de actuar heroicamente. Un acto heroico no tiene que ver solamente con actuaciones épicas como las de los libros o las películas sino también con hacernos respetar, con amor y firmeza, y con levantar la voz serena y estratégicamente ante actos inmorales, corruptos o irrespetuosos.
Te sugerimos las siguientes preguntas para que reflexiones y corrijas lo que creas pertinente en tu actuar diario ¿Qué valores estoy transmitiendo en mi trabajo y en mi hogar, con mi ejemplo? ¿Son constructivos o destructivos para la sociedad? ¿Qué valores son los que quiero transmitir a mis hijos, en casa, o a mis compañeros de trabajo ¿Qué puedo cambiar en mí para hacerlo mejor?
Si queremos un mundo mejor para nuestros hijos, debemos empezar por responsabilizarnos de nuestros valores, los cuales se reflejan en nuestro diario actuar, que es, ni más ni menos, el ejemplo que les dejamos como legado a ellos y a quienes nos rodean.
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