A medida que la economía mundial avanza hacia una mayor digitalización, Colombia se encuentra en una encrucijada. La productividad y la competitividad se han convertido en pilares fundamentales para el desarrollo económico sostenible. ¿Cómo podemos cerrar la brecha y fortalecer nuestra posición en el escenario global?
En la actualidad, el mundo empresarial está experimentando una revolución sin precedentes, impulsada por la globalización y transformación digital. Este fenómeno puede ser comparado con la evolución de la industria tradicional hacia la industria de la tecnología de la información. Al igual que en el pasado se desarrollaron sistemas eficientes de fabricación, transporte y logística para crear y mover bienes físicos, ahora nos encontramos en una era en la que el procesamiento y transporte de datos e información es el motor principal de la economía.
Imaginemos por un momento a las empresas modernas como grandes fábricas de información. En lugar de depender de productos físicos, estas empresas utilizan y procesan enormes volúmenes de datos, convirtiéndolos en información valiosa. Al igual que las fábricas tradicionales requieren maquinaria especializada y materia prima, en el contexto de la transformación digital, el software y la infraestructura tecnológica, como el cómputo y el almacenamiento, se convierten en el verdadero motor que alberga y procesa los datos necesarios para generar valor. Los centros de datos, a su vez, desempeñan un papel similar al de los puertos y bodegas, al ser los lugares donde se almacenan y distribuyen las «mercancías» digitales que mantienen en movimiento a la industria.
En Colombia, podemos observar día a día el crecimiento acelerado de la infraestructura en el campo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC). Cada vez se extiende más la red de fibra óptica, se establecen centros de datos de mayor calidad y se ofrece una gama más completa de soluciones en el ámbito de las telecomunicaciones. A medida que avanza el tiempo, se suman actores de gran importancia al país, con proyectos cada vez más ambiciosos que, sin duda alguna, nos aportan numerosos beneficios. Estas iniciativas generan empleo, impulsan el desarrollo y contribuyen al avance del conocimiento en la sociedad.
¿Entonces, en qué radica el problema a futuro para nuestra competitividad?
El desafío radica en el deficiente desarrollo y falta de atención en nuestras capacidades transformacionales, lo cual pone en riesgo nuestra competitividad futura. Recordando el paralelo con las fábricas de bienes tangibles, podemos observar que proyectamos hacernos eficientes en el transporte y almacenamiento de productos, pero carecemos de habilidades y tecnologías para fabricarlos. La generación sustancial de valor se desplaza fuera del país, ya que vemos cómo las cargas de trabajo y los datos valiosos son procesados y transformados en nubes que están ubicadas en el extranjero o son propiedad de empresas internacionales. Como país, debemos desarrollar la capacidad de generar valor transformador en esta capa, no solo en el desarrollo de software, sino también en la creación de plataformas e infraestructura que permitan utilizar el cómputo y el almacenamiento localmente. Debemos romper con la tradicional paradoja de extraer petróleo local, refinarlo en el extranjero y luego importarlo para nuestro consumo. Es fundamental invertir en el desarrollo de capacidades locales para asegurar la competitividad en el mundo globalizado e hiperconectado.
En lugar de fábricas tradicionales que producen solamente bienes físicos, en la era digital las empresas se convierten en fábricas de valor tangible e intangible (producto+experiencia). La creación, aplicación, explotación y gestión de sistemas de información como la analítica, inteligencia artificial, etc. se convierte en el núcleo de sus operaciones. Al mantener estas fábricas de información dentro del país, se promueve la generación de valor local, impulsando la economía y fomentando el empleo.
La transformación digital no solo implica la adopción de nuevas tecnologías, sino también la capacidad de adaptarse a un entorno empresarial globalizado. En un mundo hiperconectado, las empresas pueden competir en el mercado global desde cualquier ubicación. Sin embargo, es importante destacar que mantener la generación de valor dentro del país tiene beneficios significativos. Además de fomentar el empleo local, promueve la transferencia de conocimientos y la colaboración entre los distintos actores del ecosistema empresarial.
En conclusión, en un mundo globalizado, hiperconectado y transformado, la competitividad radica en el desarrollo de capacidades transformacionales y en mantener la generación de valor dentro del país. La transformación digital implica convertir a las empresas en fábricas de valor tangible e intangible, donde la creación y gestión de sistemas de información son fundamentales. Es necesario invertir en infraestructura tecnológica local, desarrollar capacidades en software y promover la colaboración entre los actores del ecosistema empresarial. Al hacerlo, no solo impulsaremos la economía y generaremos empleo, sino que también aseguraremos nuestra relevancia y competitividad en el mundo empresarial actual.










