En un país como Colombia, que se caracteriza por tener una tasa de desempleo alta, las cesantías son esenciales para proteger a los trabajadores formales ante eventualidades como el desempleo, y las cifras así lo demuestran. De acuerdo con el más recientes reporte, al cierre de 2024, los colombianos retiraron $3,9 billones para cubrir esta contingencia.
El reporte también muestra que los ahorros de los colombianos en los fondos de cesantías alcanzaron un máximo histórico de $22,4 billones, un crecimiento del 16,5% frente a 2023. Asimismo, el número de afiliados creció en más de 500 mil personas, llegando a un total de 10,3 millones de trabajadores, equivalente al 43,5% de los trabajadores ocupados en el país. Esto refleja la confianza de los trabajadores en este mecanismo y su relevancia en momentos de incertidumbre económica, como la actual.
Y es que este ahorro obligatorio no solo cumple un papel crucial para las personas que por alguna razón se quedan sin trabajo, también ha demostrado ser importante a la hora de apalancar, por ejemplo, la compra de vivienda.
En 2024, los trabajadores colombianos usaron $3 billones de sus cesantías para mejoras de su casa o liberación de su deuda hipotecaria, y $2,6 billones para compra una vivienda. Es notable que más del 50% de los retiros totales estuvieran relacionados con la vivienda, lo que subraya el papel de este ahorro en el cierre de brechas habitacionales y en la mejora del bienestar familiar.
Por otro lado, el rubro destinado a educación tuvo un crecimiento del 20,1%, demostrando su impacto en el desarrollo personal y profesional de los trabajadores. $843 mil millones fueron usados por los trabajadores para la educación propia o de sus seres queridos.
No obstante, como país debemos seguir trabajando para fortalecer este sistema y garantizar que un mayor número de ciudadanos pueda beneficiarse de él. Esto implica fomentar la formalización laboral, promover la educación financiera y garantizar la estabilidad normativa que permita a los fondos de pensiones y cesantías operar de manera eficiente y segura.
En este contexto, también es crucial considerar el impacto de la reforma laboral que se debate actualmente en el Congreso de La República. Las discusiones sobre esta reforma ofrecen una oportunidad única para fortalecer las condiciones de los trabajadores, pero también plantean desafíos que podrían afectar la sostenibilidad del sistema de cesantías. Es esencial garantizar que cualquier cambio normativo preserve el equilibrio entre los derechos de los trabajadores y la capacidad de los empleadores para cumplir con sus obligaciones. Las cesantías, como parte fundamental del paquete de beneficios laborales, deben estar en el centro de estas deliberaciones, asegurando su función como red de seguridad económica.
Además, es vital reflexionar sobre el riesgo de algunas medidas de la reforma laboral que, aunque bien intencionadas, puedan incentivar un aumento de la informalidad. Si las cargas para los empleadores incrementan desproporcionadamente, podría generarse un entorno que desestimule la contratación formal, llevando a más trabajadores a permanecer fuera del sistema. Esto no solo afecta a quienes quedan sin acceso a beneficios como las cesantías, sino que también debilita la estructura de protección social del país.
Igualmente, es preocupante que la reforma laboral, en su forma actual, no parece incentivar una mayor participación de mujeres y jóvenes en el mercado laboral. Estos grupos, que enfrentan barreras específicas como la brecha salarial de género y la alta tasa de desempleo juvenil, requieren políticas más inclusivas que promuevan su ingreso y permanencia en empleos formales. Ignorar estas necesidades podría perpetuar desigualdades estructurales y limitar el potencial de desarrollo económico del país.
Por otro lado, el rol de los empleadores es fundamental. Cumplir a cabalidad con el pago de las cesantías no solo es una obligación legal, sino también un acto de responsabilidad social que fortalece el tejido empresarial y comunitario. La sostenibilidad de este sistema depende de la sinergia entre trabajadores, empleadores y gestores del sistema.
Finalmente, invito a todos los actores del ecosistema económico a reflexionar sobre la importancia de las cesantías como un vehículo para construir un país más equitativo y resiliente. Fortalecer este ahorro no es solo una inversión en el futuro de los trabajadores, sino en el desarrollo integral de Colombia.










