Cuando se trata de abordar la relación universidad-empresa, emerge el concepto de universidades de tercera generación, es decir instituciones de educación superior (IES) que colocan su acento en la tercera función sustantiva y misional: la proyección social. Ésta favorece la aplicabilidad del conocimiento que la academia produce en los contextos, como respuesta a las necesidades y desafíos identificados, los cuales es necesario intervenir a través de la articulación entre la investigación, la innovación y el emprendimiento. En este sentido, las IES generan impactos sociales los cuales contribuyen a la construcción de sociedades más justas, solidarias y fraternas a través de la aplicación, democratización y humanización del conocimiento.
Las universidades hoy le apuestan a la transferencia tecnológica con resultados sociales, es decir a la transformación, al emprendimiento de base tecnológica para resolver problemas concretos. Lo anterior, a partir de la investigación y la innovación, ambas articuladas a los sectores económicos del país. En perspectiva de consolidar la identidad de una academia fuertemente relacionada con el entorno y las fuerzas vivas de los territorios, el sector empresarial, de forma paulatina, reconoce las universidades como sus aliados, a la hora de encontrar respuestas, soluciones y alternativas favorables para la optimización y la sofisticación de los procesos, los productos y los servicios. De tal manera que, empresa e IES generen desarrollo no solo económico, sino también desarrollo humano, social y cultural, como expresión concreta de responsabilidad y compromiso social.
Vale la pena aquí, hacer referencia al Modo 2 de hacer investigación (Gibbons, Camille, Helga, 1997), en el sentido de reconocer en las universidades la capacidad de transferir el conocimiento que producen, al otorgar primacía a su aplicabilidad y utilidad social. Este Modo de hacer ciencia, está en la base de la relación entre la universidad y la empresa, el cual puede desarrollarse en el plano de la innovación tecnológica para generar resultados de investigación. Lo anterior, en la perspectiva de su comercialización a través de las Spin-Off y la consolidación de alianzas con empresas que identifiquen en el conocimiento aplicado una oportunidad para crecer, producir más, satisfacer necesidades y posicionarse como líderes sociales de desarrollo.
Precisamente, la relación Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) hace de la universidad una institución coherente con su razón de ser. La Innovación, entendida como ETHOS, territorio de actuación humana, que se teje con el emprendimiento da cuenta de seres humanos éticos y políticos, creadores, creativos, visionarios protagonistas de un proyecto de vida en evolución y construcción permanente que se articula al desarrollo social, al progreso de los pueblos en búsqueda de calidad de vida. Seres humanos innovadores, porque son capaces de obrar el bello milagro del surgimiento de algo nuevo y cultivar la capacidad que el ser humano tiene de impulsar el potencial del otro, de los pueblos, de la cultura, la economía, la política, la organización social y la producción de un conocimiento que impulsa a buscar y crear soluciones nuevas y alternativas a problemas sociales. Llegado a este punto, las IES apuestan por la formación humana y profesional de hombres y mujeres a quienes el mundo les cabe en la cabeza y el corazón, competentes a la hora de aplicar lo aprendido.
“Las universidades hoy, le apuestan a la transferencia tecnológica con resultados sociales, es decir a la transformación, al emprendimiento de base tecnológica para resolver problemas concretos. Lo anterior, a partir de la investigación y la innovación, ambas articuladas a los sectores económicos del país.”
En este orden de ideas, la categoría emprendimiento evidencia la identidad de una universidad que se convierte en mediación para unir, religar en torno a la academia, el sector empresarial, el Estado, las fuerzas vivas, los emprendedores, como apuesta por el crecimiento de las personas y con ellas de sus familias, la ciudad, la región y el país. A sí mismo, aporta al desarrollo de competencias emprendedoras e innovadoras en las nuevas generaciones, las cuales posibilitan múltiples y diversas relaciones y actividades con las empresas como contribución al proceso de formación integral de los estudiantes, futuros graduados, actores fundamentales en el desarrollo económico, social y cultural de las regiones y del país.
En conclusión, la relación universidad-empresa hunde sus raíces en la articulación ya existente entre las funciones sustantivas de docencia, investigación y proyección social que le permiten a una obra de educación superior ser coherente con su función y responsabilidad social frente al destino común de la humanidad.
La universidad y la empresa hoy tienen el gran reto de aportar de manera significativa a la calidad de vida de las personas y las comunidades, en el contexto de un momento histórico que urge de la construcción de escenarios propicios para el avance de las ciencias y las disciplinas, en perspectiva de la democratización del conocimiento y la competitividad del país, para responder a los desafíos de desarrollo propios de la globalización.
Gibbons, M., Camille, L., Helga, N. (1997). La nueva producción del conocimiento La dinámica de la ciencia y la investigación en las sociedades contemporáneas. Barcelona: Pomares. Extraído de https://users.dcc.uchile.cl/~cgutierr/cursos/cts/articulos/gibbons.pdf












