Es innegable que hoy es necesario aprender a través de la vida, que lo aprendido en un pregrado o postgrado no es suficiente. Los restos que el entorno empresarial enfrenta con la llegada de la cuarta revolución industrial, la dinámica geopolítica, los cambios sociales y políticos demandan nuevas competencias y cualificaciones de parte de la fuerza laboral. Los desarrollos anteriormente citados generan cambios en las plazas laborales, generando nuevas oportunidades laborales para las competencias especializadas o donde se requiere atención personalizada. Sin embargo, cada vez es más amplio el espectro de plazas laborales en los que se destruyen el número de puesto disponibles. En este entorno volátil, complejo, ambiguo e incierto es que los jóvenes profesionales tendrán que desempeñarse en el futuro.
Por lo tanto, más allá de las necesidades empresariales en materia de tópicos especializados (proyectos, finanzas, marketing digital, etc.) y de contar con talento cualificado a nivel estratégico, la formación de posgrados también es una necesidad sentida de los cada vez más jóvenes profesionales, quienes reformulan, amplían o profundizan el foco de su proyecto de vida sólo cuando se hallan avanzados en sus estudios de pregrado o en medio de sus primeras experiencias laborales. Cada día es frecuente encontrarnos con profesionales que quieren cambiar radicalmente sus proyectos de vida en pro de alcanzar su proposito superior.
Hoy más que nunca, el joven egresado y el profesional de corta experiencia necesitan propuestas de posgrados diversas, centradas en competencias y que apunten a los retos futuros de la sociedad y de las empresas.
El hilo conductor entre pregrados y posgrados es complejo de explicar. Para ello, queremos sugerir tres caminos.
Para empezar, no sólo se trata de una lógica propedéutica, sino de muchas ramificaciones por las que el profesional pueda incursionar para profundizar su formación previa. Los egresados de escuelas de administración gozan de una base común de formación empresarial que los puede llevar por la senda de las finanzas, la producción, el marketing, la internacionalización o cualquier otro área o ámbito de las esferas organizacionales. Incluso, el futuro estudiante de posgrados puede desear o necesitar incursionar en varias de dichas ramificaciones.
En segundo lugar, está el desarrollo de una estructura de pensamiento estratégico: Formamos el estratega cuando llevamos al estudiante de la instrucción al desarrollo de competencias de pensamiento.
Si bien, en los pregrados se trabajan aproximaciones al método científico, al pensamiento complejo o a la prospectiva, generalmente el mayor nivel de apropiación que se alcanza es la dimensión instruccional: la comprensión y uso de instrumentos de la investigación, la planeación y la proyección o pronóstico. Incluso, se puede alcanzar un nivel interesante de apropiación metodológica pero no se llega a la dimensión epistemológica. Por ello, los posgrados hacen un gran aporte cuando se centran en la apropiación de métodos, tanto de actuación, como de pensamiento (análisis, síntesis, abstracción, interpretación, contrastación, etc.). El estratega más que resolver de manera reactiva, es alguien preparado para anticipar y guiar.
En tercer lugar, está el papel de los posgrados en la realineación profesional. Todos los seres humanos somos individuos económicos: esto es bien conocido. Sin embargo, hay una “especie” de profesionales de diversas áreas del conocimiento (la medicina, el derecho, las ciencias sociales) que encuentran en el mundo empresarial y particularmente en las dimensiones de la administración y la gerencia, una senda para continuar con su proyecto de vida. Se trata de médicos que dirigen hospitales, de ingenieros que gestionan el área de producción, de abogados que crean su propio bufet, etc. Para ellos también existen los posgrados en las escuelas de administración.
Son un público especial, con motivaciones muy concretas pero que, a diferencia de los primeros dos grupos, no cuentan con las bases mínimas que se ofrecen en los pregrados de las áreas económico-administrativas. Son un reto, un valioso reto que complementa nuestro compromiso con la sociedad.
Por último, no deseo cerrar este escrito sin dejar una ventana abierta: el potencial de los proyectos de vida de aquellos que se retiran o se pensionan. El mundo ha cambiado, la expectativa de vida ha aumentado y existe un creciente grupo de profesionales que se jubila de su empleo para comenzar una nueva etapa de vida. Se trata en la actualidad de personas vitales con deseos y potencial para seguir aportando a la sociedad. ¿Qué tenemos desde las escuelas de posgrado, para ellos?










