“Los resultados de la gestión académica y administrativa de las instituciones de educación superior (IES) hacen evidente su capacidad para cumplir su misión con base en criterios de coherencia, pertinencia, calidad y buen gobierno.”
Durante 2020 y 2021 la educación superior dirigió sus esfuerzos a la búsqueda de caminos, alternativas, estrategias de respuesta e intervención a las situaciones asociadas a la pandemia que ha afrontado la humanidad. Rutas de formación, desarrollo de componentes académicos mediados por tecnologías de información y comunicación, formación de profesores y estudiantes en competencias digitales, investigación y proyección social puesta al servicio de las necesidades de las personas, comunidades y sociedad dejaron múltiples aprendizajes que, en el marco del retorno a la presencialidad decretado por el Ministerio de Educación Nacional, permitirán dar respuesta a estos tiempos presentes, así como proyectar el futuro presente que se acerca.
Los resultados de la gestión académica y administrativa de las instituciones de educación superior (IES) hacen evidente su capacidad para cumplir su misión con base en criterios de coherencia, pertinencia, calidad y buen gobierno. Al respecto, las cifras visibilizan los rostros de administrativos, profesores, estudiantes y graduados que aúnan esfuerzos en pro de la retención de estudiantes y el aseguramiento de la calidad, labores que consolidan las universidades como actores vitales en relación con el proceso de reactivación del país y sus regiones.
La vida y los procesos de las IES, tejidos con la realidad del país y el mundo, permiten leer este año 2022 en clave de concienciación; es decir, darnos cuenta de la transformación que hemos vivido como personas, familia, comunidad académica y universidad en la manera de ver y comprender la vida, de tomar decisiones, y de repensar la organización de nuestras instituciones y la participación en acciones que dan cuenta de nuestra valía como profesionales: esto es, personas a quienes el mundo y sus realidades les caben en la cabeza y el corazón, capaces de soñar y de hacer realidad esos sueños de la mano de otros poniendo sus conocimientos al servicio de individuos, comunidades, territorios o sociedades.
“En el plano del mencionado retorno a los campus, estas perspectivas de trabajo-misión se configuran como oportunidad de fortalecer las relaciones interpersonales y la construcción de comunidades académicas responsables del sí mismo de cada persona y del cuidado del otro.”
El ejercicio de otear la vida personal y académica en retrospectiva, en el contexto de un año que inicia y de un proceso de formación académica que retorna a los campus, cierra y abre otro momento de la formación y educación para continuar cultivando varios elementos: 1) el liderazgo de las comunidades universitarias; 2) la capacidad que tienen las universidades para cumplir su misión al garantizar, en medio de los cambios, el buen desarrollo de sus labores académicas, formativas, investigativas, culturales y de proyección social; 3) el aprovechamiento de la curva de aprendizajes de las IES; 4) los nuevos ámbitos de la sociedad del conocimiento impactados por los múltiples cambios; 5) las acciones concretas desplegadas para generar solidaridad, inclusión y retención de estudiantes; 6) nuevas modalidades de formación y nuevos programas académicos; y 7) alianzas y redes que emergieron como fruto de la pandemia.
En el plano del mencionado retorno a los campus, estas perspectivas de trabajo-misión se configuran como oportunidad de fortalecer las relaciones interpersonales y la construcción de comunidades académicas responsables del sí mismo de cada persona y del cuidado del otro. Nos llevan, además, a darnos cuenta de las consecuencias que dejan —y dejarán— estos tiempos vividos y asumidos desde dos orillas diametralmente opuestas: de un lado, el dolor, la pérdida y la no conciencia frente a lo que implica una pandemia; y del otro, la creatividad, la capacidad de adaptación inteligente a los cambios, la transformación humana y social, la inclusión y la innovación. Este 2022 permitirá, entonces, evaluar lo aprendido, fortalecer las convicciones y los principios éticos, corregir y repensar aquello que no es humano, y continuar con las estrategias de toma de conciencia frente al valor de la vida y la prevalencia del bien común sobre el individual. Retos, tenemos muchos, aprendizajes más para afrontarlos más.










