“Se requiere principalmente intencionalidad de los tomadores de decisiones para que la estrategia corporativa se armonice con los desafíos planteados en los ODS, teniendo en cuenta la cadena de valor; también es necesaria la ambición, en el entendido de ser visionarios, de pensar en grande, de un liderazgo que no se conforma con el statu quo y que busca superar los niveles actuales de desarrollo.”
A menos de 10 años de cumplirse el plazo para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que se trazó el mundo para erradicar la pobreza y garantizar el avance del planeta, se hace más imperativo que los empresarios y el sector privado fortalezcan su liderazgo para alcanzar estas metas y garantizar un mejor mundo para todos.
Desde su concepción los ODS han ubicado a las empresas en el eje de las acciones necesarias para alcanzar el cumplimiento de esta agenda global, enfatizando la importancia de incorporar estos principios en la operación y en toda la cadena de valor de las compañías, así como de implementar alianzas público-privadas que efectivamente aborden los problemas descritos en los 17 objetivos. Esto cobra más relevancia en un mundo golpeado por el COVID-19 y más aún en nuestro país, que en las últimas semanas nos ha reafirmado la necesidad urgente de dar solución a problemas sociales. Hoy más que nunca la función social de los negocios se ubica entre los temas más apremiantes.
El Gobierno Corporativo es la instancia clave para la implementación de buenas prácticas tales como transparencia y generación de valor compartido, así como para delinear una hoja de ruta, desde el rol de las organizaciones, que se conecte con el propósito de construir una sociedad más sostenible. La transición de un capitalismo centrado exclusivamente en la generación de valor económico, desatendiendo los aspectos sociales y ambientales, hacia un capitalismo que reconozca la necesidad de generar valor compartido a los diversos grupos de interés y que redunde en la sostenibilidad de las organizaciones en el tiempo, constituye hoy la apuesta por la que debemos trabajar, no sólo como sector empresarial, sino como sociedad.
¿Qué cualidades requiere un líder empresarial para promover estos grandes cambios? La respuesta a este interrogante se encuentra en los lineamientos que ofrece Pacto Global de las Naciones Unidas: se requiere principalmente intencionalidad de los tomadores de decisiones para que la estrategia corporativa se armonice con los desafíos planteados en los ODS, teniendo en cuenta la cadena de valor; también es necesaria la ambición, en el entendido de ser visionarios, de pensar en grande, de un liderazgo que no se conforma con el statu quo y que busca superar los niveles actuales de desarrollo; consistencia en el decir y el actuar; capacidad de articulación y colaboración para aprovechar las potencialidades de las partes y, finalmente, responsabilidad, porque el líder debe hacerse responsable de sus decisiones y rendir cuentas al respecto.
Desde la academia hemos sido testigos de cómo en Colombia este liderazgo ha sido asumido mediante compromisos por las compañías y sus directivos. Iniciativas como el Task Force de Inversión Responsable, enfocado en promover la canalización de recursos financieros teniendo en cuenta el desempeño en aspectos ASG (ambientales, sociales y de gobernanza, por sus siglas en inglés) o el (IR) Índice de Reconocimiento de la Bolsa de Valores, que busca alentar la transparencia de los emisores de valores y la adopción de mejores prácticas en materia de relación con los inversionistas, son muestra de iniciativas que incorporan esos valores de liderazgo en beneficio de los ODS.
No sobra mencionar que en el país, desde distintos sectores, se ha venido trabajando en propiciar un entorno para que las empresas puedan asumir estos retos. Desde la política pública, hoy se cuenta con la Ley BIC (Sociedades de Beneficio e Interés Colectivo), que promueve hacer explícito el compromiso de las compañías de incorporar dentro del modelo de negocio aspectos relacionados con la sostenibilidad. Las compañías que adoptan ser empresas BIC, manifiestan vía estatutaria que desde su objeto social, reconocen la importancia de trabajar por los diferentes grupos de interés. Por otro lado, y no menos importante, es la promoción de liderazgo femenino en el tejido empresarial nacional: desde la academia , con los mejores aliados en el país, tales como Aequales, ANDI, Deloitte, el ICGC, IFC de Grupo Banco Mundial y Page Executive, nos hemos propuesto tener cada vez más mujeres en altos cargos ejecutivos y en juntas directivas, reconociendo el valor que genera la diversidad en las posiciones de liderazgo. Este es sin duda, un paso fundamental, no sólo para construir negocios más diversos, sino también para propiciar una visión más integral que facilite tener empresas cada vez más sostenibles y que contribuyan al logro de los ODS.
Sumarse a los ODS y trabajar desde las empresas en estos aspectos, no es un tema de moda o una tendencia, es un asunto con repercusiones para el negocio: se calcula por parte de Naciones Unidas que los ODS representan unos 12 billones de dólares en ahorros y oportunidades para las compañías. Además, a esto se suma la importancia que en el enfoque de sostenibilidad han cobrado los aspectos ASG, cada vez más relevantes para los inversionistas globales. Por lo tanto, un líder que está trabajando por los ODS, es sin duda una persona que está conectada con la realidad del mundo de hoy, que sabe que para que a su organización le vaya bien es imprescindible crear un mundo mejor para todos.










