La cultura es el núcleo de las organizaciones, como en una civilización. Nos encontramos frente a un desafío común: muchas empresas creen erróneamente que por tener un manifiesto de cultura o valores en su página web, han construido una cultura organizacional y pueden “marcar la casilla”. Pero, en realidad, están lejos de ver siquiera la punta del iceberg.
Se le da poca importancia al asunto y se asume que lo qué tienen definido como cultura, cumple con lo que se requiere, sin saber lo que significa realmente. La raíz de este desafío está en que las empresas carecen de las herramientas y la conciencia necesaria para medir y gestionar eficazmente su cultura.
En este contexto, las tensiones culturales se vuelven palpables, las personas que conforman esa cultura no se sienten comprometidas ni satisfechas, ni que decir al momento de recibir feedback cuando éste no tiene conexión con los comportamientos esperados, que incluso, algunas veces ni siquiera existen. En muchos casos, ver a las personas como recursos en un Excel se traduce en una simplificación y limitación de tareas, donde la automatización excesiva y los flujos de trabajo automáticos son la moneda corriente.
La medición de la cultura empresarial se revela como una herramienta estratégica para enfrentar este desafío. Más allá de simples números, estas métricas reflejan la vitalidad emocional y ofrecen información valiosa para la toma de decisiones informadas. La adaptabilidad y la capacidad de medir la efectividad de las acciones se vuelven esenciales para el desarrollo organizacional.
Superar la superficialidad de la «cultura de marcar la casilla» implica una gestión del cambio centrada en la coherencia, colaboración y empatía. Los líderes desempeñan un papel crucial al catalizar este cambio y convertirse en modelos a seguir. Además, gestionar el talento de manera estratégica se vuelve imperativo para fomentar un ambiente que impulse el desarrollo organizacional. Los casos de éxito que hemos construido con importantes organizaciones son el reflejo de que las transformaciones culturales se generan cuando existe el compromiso de los líderes y la constancia de los equipos de talento humano midiendo los resultados periódicamente.
La cultura organizacional no es solo una etiqueta, sino la fuerza impulsora detrás del éxito sostenible. Una cultura fuerte promueve la innovación, la colaboración, el compromiso y la fidelización de talento, elementos clave para el desarrollo continuo.
Hace más de 10 años tomé conciencia de que las empresas podían empoderarse de su transformación mediante el uso de sus datos, lo cual dió origen a OCC Solutions, con el propósito inicial de diseñar modelos y herramientas de diagnóstico relacionadas con la cultura organizacional, el engagement, el desarrollo humano, empresarial y liderazgo. La misión era respaldar una gestión estratégica de personas, ofreciendo respuestas prácticas, ágiles y tecnológicamente innovadoras a sus necesidades.
Por ejemplo, nuestra herramienta de medición OCC Cultura permite identificar factores culturales a través de 9 dimensiones y 72 atributos, para establecer la cultura empresarial necesaria que apalanque el logro de la estrategia, al igual que permite hacer pulsos para medir la evolución en ciclos cortos. Adicionalmente podemos implementar herramientas de medición de Cultura a la medida de cada organización.
En un entorno empresarial dinámico, la frecuencia en las mediciones y la capacidad de adaptarse a cambios culturales son cruciales. Herramientas ágiles y flexibles son esenciales para una toma de decisiones informada que impulse el desarrollo organizacional sostenible.
Este enfoque estratégico implica saber dónde estamos y hacia dónde queremos ir. La mirada humilde, objetiva y transparente de los resultados, la capacidad de replicar éxitos y ajustar estrategias ineficaces son acciones clave para construir culturas empresariales sólidas y sostenibles.










