La educación híbrida o mezclada, también conocida como blended learning o b-learning, corresponde a la combinación de presencialidad y virtualidad en el desarrollo de procesos de enseñanza y aprendizaje. Si bien este modelo educativo —o modalidad educativa, al decir de algunos autores— no nació con la pandemia ocasionada por la covid-19, encontró en dicha coyuntura el ambiente vital para visibilizarse y ser reconocido como una gran alternativa para la formación en todos los niveles: durante 2020 y 2021, los niños, jóvenes y adultos inmersos en el ámbito educativo formal debieron asimilar esta modalidad con rapidez, a fin de llevar a buen término sus actividades formativas.
Para Cabero y Llorente (2008), la modalidad b-learning se puede expresar en términos de la convergencia entre lo presencial y lo virtual a distancia, en desarrollo de la cual se combinan espacios (clases tradicionales y virtuales), tiempos (presenciales y no presenciales) y recursos (analógicos y digitales), al tiempo que los protagonistas modifican sus roles en los procesos de enseñanza y aprendizaje. En pro de brindar experiencias de aprendizaje más flexibles y sólidas, los cambios que esta modalidad educativa trae consigo también afectan de manera ineludible los modelos organizativos.
Con lo anterior, metodologías, didácticas y estrategias comunicativas presenciales y virtuales se integran en la modalidad b-learning para facilitar los procesos de enseñanza y aprendizaje, y favorecer varios asuntos: el cultivo de la autonomía y gestión de conocimiento en los estudiantes; la flexibilidad en el desarrollo de las rutas formativas y planes de estudio; la proactividad y creatividad de estudiantes y profesores al dar cuenta del conocimiento apropiado y construido conjuntamente; y la atención a la necesidad de actualización constante en lo que atañe al uso de las herramientas que las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) traen al aula —entendida hoy como ambiente flexible de aprendizaje y aula expandida—, sin límites en las relaciones que fuere posible establecer entre sujeto, objeto del conocimiento y entorno.
Dado el contexto anterior, el uso de elementos como simuladores y plataformas de gestión del aprendizaje (learning management systems – LMS) se convierte en una estrategia importante al enseñar, aprender y evaluar lo aprendido (la aplicación del conocimiento y el monitoreo de los resultados de aprendizaje). Sin ir más lejos, durante los periodos de confinamiento causados por la pandemia de la covid-19, las instituciones de educación superior (IES) se sirvieron de herramientas como las nombradas para asegurar que la comunicación del conocimiento del profesor al estudiante y, más aún, la relación entre ambos actores, no se vieran afectadas.
Las tendencias educativas en años recientes muestran que el modelo híbrido representa una gran alternativa para formar a las nuevas generaciones. En este orden de ideas, es importante puntualizar que las decisiones tomadas por las IES para mantener la prestación del servicio educativo durante los citados periodos de aislamiento, y aun en parte del retorno a los campus, estuvieron asociadas a la valoración, resignificación y apalancamiento de lo que se venía haciendo al tejer presencialidad y virtualidad para desarrollar los programas académicos, aun antes de la mencionada crisis sanitaria.
Más de veinte años de trayectoria en el desarrollo de programas académicos a distancia y virtuales permiten hoy a la Universidad Católica de Manizales (UCM) dar cuenta de los beneficios que la educación híbrida ha dejado en sus procesos académico-administrativos y de enseñanza y aprendizaje. El aula, o mejor aún, el ambiente flexible de aprendizaje, ha exigido a la Institución apostar con mayor fuerza a varias acciones: 1) el desarrollo de competencias tales como trabajo en equipo y colaborativo, pensamiento crítico y sistémico, y liderazgo; 2) la potenciación de la relación entre profesor y estudiante; 3) la mejora de la infraestructura tecnológica y de conectividad; 4) el fortalecimiento del sistema de evaluación de estudiantes; y 5) la formación y actualización de los profesores.
Las actividades anteriores, convertidas en evidencias tangibles, dan cuenta de una academia que, una vez ha leído el contexto, se adapta, se torna creativa, innova y, a través de una educación pertinente y de calidad, abre caminos a múltiples posibilidades de que el conocimiento circule por los campus para transformar a las personas y el contexto mismo, y aportar con ello al desarrollo de la sociedad, los pueblos y las regiones.










