La educación a distancia tradicional o virtual, se sitúa en el plano del acceso a la educación superior, la equidad social y la calidad, característica esta última, de todos los procesos educativos y formativos.
Sus inicios se remontan según Yong (2017) a 1940, momento en el cual surge la primera universidad a distancia en el mundo, la UNISA, la Universidad de Sudáfrica, institución que ya en 1962 ofrecía programas y cursos en esta modalidad que en las décadas posteriores presenta un progreso y crecimiento importante a la hora de contribuir a la democratización del conocimiento, articulado al vertiginoso desarrollo y tendencias de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.
En este sentido, es importante puntualizar, que en la línea del tiempo de la educación a distancia Yong (2017) presenta cinco hitos: la educación epistolar, la educación audiovisual, la educación basada en Tecnologías de la Información, la educación basada en la Web, y la educación interactiva, ese es el gran reto de las instituciones educativas que buscan adaptarse inteligentemente a las nuevas generaciones. Estos hitos dan cuenta de la evolución de una humanidad cuya creatividad e innovación están articuladas con las necesidades del mundo y en contextos diversos.
Este recorrido, que habla de procesos educativos y formativos hoy, sitúa la educación a distancia en el contexto de la regionalización, la internacionalización y la globalización con sus exigencias de pertinencia académica, calidad educativa, flexibilidad, procesos de enseñanza y aprendizaje, centrados en la persona y los contextos, uso de mediaciones pedagógicas pertinentes e incluyentes, y rompimiento de brechas sociales y económicas, entre otras. Por lo tanto, las instituciones de educación superior que le han apostado a la modalidad, están llamadas a la potencialización de un ejercicio educativo y formativo, vivido bajo los principios éticos de equidad, justicia social, cobertura, pertinencia y responsabilidad social.
“Por lo tanto, pensar una educación a distancia desarrollada desde el principio ético de la equidad, invita a las instituciones de educación superior a poner en el centro de los procesos de enseñanza-aprendizaje a la persona, potenciando sus capacidades para pensar holísticamente, resolver problemas en forma creativa, reconocer en sí mismo y en el otro sus valores desde su singularidad, actuar con sentido crítico y responsabilidad ética, luchar por la defensa del derecho a una educación de calidad, transformar su entorno a partir de la aplicación y la producción de un conocimiento humanizado y favorecer el uso de adecuadas mediaciones pedagógicas, de tal manera que se garantice la igualdad de condiciones y posibilidades de formación a los diferentes actores y el acceso a la educación superior a poblaciones menos favorecidas y vulnerables.”
Por otra parte, según el Decreto 1280 del 2018, la educación a distancia es una modalidad que trasciende las fronteras de los espacios físicos y los territorios en el desarrollo de los procesos de enseñanza y aprendizaje y se caracteriza por la separación, en el tiempo y el espacio, entre el docente y el estudiante; el uso de medios y recursos tecnológicos; y la comunicación bidireccional, que puede incluir tutorías, y que propende porque el estudiante sea el principal protagonista de su aprendizaje (MEN, 2018). Esta definición plantea algunos desafíos que buscan favorecer la formación integral, el desarrollo humano y social, la equidad en términos de accesibilidad y la transformación de los contextos a partir de la transformación de las personas que optan por estudiar programas bajo esta modalidad, de la siguiente manera:
- Ampliar el espectro de la oportunidad para acceder a la educación superior, de todos los grupos socioeconómicos, como respuesta concreta a la desigualdad social.
- Promover la innovación educativa como respuesta a las necesidades de los contextos y los estudiantes a partir de los nuevos desarrollos de las Tecnologías de la Información y la Comunicación.
- Responder a las necesidades de los sectores productivos del país a través de la oferta de programas pertinentes y de calidad, cuyos resultados aporten impactos significativos para las personas y los contextos.
- Cultivar el espíritu crítico e investigativo que permita problematizar la realidad de los estudiantes y la búsqueda de soluciones alternativas que generen justicia y equidad.
Por lo tanto, pensar una educación a distancia desarrollada desde el principio ético de la equidad, invita a las instituciones de educación superior a poner en el centro de los procesos de enseñanza-aprendizaje a la persona, potenciando sus capacidades para pensar holísticamente, resolver problemas en forma creativa, reconocer en sí mismo y en el otro sus valores desde su singularidad, actuar con sentido crítico y responsabilidad ética, luchar por la defensa del derecho a una educación de calidad, transformar su entorno a partir de la aplicación y la producción de un conocimiento humanizado y favorecer el uso de adecuadas mediaciones pedagógicas, de tal manera que se garantice la igualdad de condiciones y posibilidades de formación a los diferentes actores y el acceso a la educación superior a poblaciones menos favorecidas y vulnerables. Todas estas son apuestas concretas para llevar a cabo el proyecto de nación que es nuestro bien común y que tiene en su base un sueño de ciudadanía basado en el derecho inalienable a la educación.
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