Muy poca gente lo dice abiertamente, pero hoy en día hay muchas personas que son presa de una ansiedad muy particular: tienen temor porque sienten que la vida digital se los está comiendo vivos, que los está dejando atrás. Quizá te está pasando a ti. Hay tantas cosas nuevas en el mundo—banca en línea, fintech, Tiktok, avances médicos, tendencias generacionales, y tecnología de todos los días—que cada vez es más difícil saber cómo aprovechar las nuevas oportunidades de una vida en línea y cómo evitar los riesgos, que también son nuevos. Si es tu caso, te tengo dos noticias:
La mala es que tienes toda razón de sentirte así. La tecnología evoluciona todo el tiempo, y cada vez lo hace más rápido. Parece imposible estar al corriente en todas las cosas que están apareciendo.
Eso realmente empezó en la Revolución Industrial, y lo podemos ver con el nacimiento de la ciencia ficción. Antes de esa época, la literatura no se alejaba de las historias de aventura y fantasía que habían dominado por mil años. La llegada de la tecnología disparó la creatividad de la población, porque las cosas cambiaban tan rápidamente que la gente empezó a preguntarse: “¿Cómo será la vida en el futuro?” Era la primera vez que la tecnología nos permitía imaginarnos una realidad completamente diferente.
Las cosas avanzaron rápidamente hasta la Segunda Guerra Mundial, y ahí se aceleraron de manera descomunal. Toda la inversión que hicieron los países para ganar la guerra se convirtió en un detonador de tecnología en todos los ámbitos de la ciencia y la vida. Todavía hoy estamos viviendo los resultados de esa inversión.
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Sin embargo, las cosas realmente estallaron con la llegada de Internet. Hoy, el mundo digital, el software, la sociedad en línea afectan todas las facetas de nuestras vidas. Como dijo alguna vez Marc Andreessen, el co-fundador de Andreessen Horowitz, el fondo de inversión de capital emprendedor más grande del mundo: “El software se está comiendo al mundo.” Entonces SÍ: vivimos una situación para la que no estamos preparados y que nos deja vulnerables y en desventaja. La buena noticia es que lo podemos arreglar, sabiendo dos cosas:
Primero, entender que seguimos siendo el mismo bicho. O sea, la naturaleza humana no ha cambiado. Queremos lo mismo que hemos querido por miles de años: Poder, dinero, sexo, seguridad, pastel de tres leches. Puedes analizar todas las cosas nuevas que llegan a través de ese lente, de esas necesidades primarias. Por eso el dicho: La historia no se repite, pero sí rima.
Segundo, los humanos tenemos algo que se llama sesgo de atención, y básicamente significa que no vemos las cosas que no nos importan o que no nos afectan, aunque ahí estén, a nuestro alrededor. Como los fumadores, que están atentos a cualquier oportunidad para fumar. Van caminando por un centro comercial o un aeropuerto, y van identificando lugares donde pueden fumar, que tú, si no fumas, ni te enteras. Bueno, pues ese sesgo es una herramienta maravillosa para aprender, porque te abre los ojos a cosas útiles que ya están en tu vida, pero que no has notado. Sólo necesitas alguien que te diga: Mira esto, es importante porque te sirve para hacer esto otro que te interesa.
Realmente me ofende que estamos viviendo la revolución cultural, tecnológica y social más importante de la especie y hay muchísima gente que se está quedando rezagada sólo porque nadie más les explicó cómo se aborda todo esto. Me parece que es mi obligación, y la de todas las personas que hemos tenido la fortuna de ser parte de este nuevo mundo, ayudar a otras personas a subirse a esta revolución. El futuro es para todos.
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