«La virtualidad nos permite estar cada segundo actualizado y a internacionalizar nuestros procesos, mente y porque no, a futuro que empresas de otras latitudes sin afán de egos desmedidos, mejoren lo que ofrecemos.»
Como parte importante de nuestro quehacer diario, nos suponemos el modo normal de trabajo. (o hasta hace tres años era normal) Despertarnos, hacer una meditación (Buda, Krishna, Alá, Jesús, el dios sol) lo que usted considere su ser superior, bañarse, o esperar y hacer fila como en el caso mío, a que mis hijas me permitan en nuestro baño poder hacer uso de este, una taza de buen café, tomar el sándwich que mi esposa nos hace todos los días, llevar las nenas al colegio y después de eso llegar a la oficina.
Esta secuencia la hago casi todos los días, solo que con una gran diferencia. En tiempos antes de la pandemia, debíamos después de realizar todas estas actividades, asistir a reuniones presenciales (si presenciales) en donde fuera de cualquier pretexto debíamos de hacer acto de presencia para que el (espacio de asistencia) no tuviera alguna falta o en su defecto estar al tanto de todos y cada uno de los aspectos relevantes de la misma.
En nuestro caso, ya estábamos preparándonos para poder estar en modo “virtual” en donde el teletrabajo nos permitía en buena manera ganar tiempo, ayudar al planeta (y a uno mismo también) pues a ciencia cierta lo sé, solo el hecho de no desplazarnos en tráfico denso nos cambia el nivel de tolerancia hacia uno mismo y a los demás.
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En pandemia, esa preparación nos permitió a qué clientes que estaban fuera de nuestro país (Costa Rica) y con una diferencia horaria de más de 7 horas, continuar con proyectos que en otro caso no hubiéramos podido continuar ya que (y no es un secreto) la virtualidad nos ha permitido internacionalizar aún más nuestras empresas. Digo esto ya que, el poder acomodarnos al perfil corporativo de grandes transnacionales permite a las empresas, o surgir y crecer de la mano o no dar la talla y que te vean de lado y que venga el siguiente.
Duro, doloroso, pero forzosamente de un aprendizaje que ni siquiera se ve venir, si nuestras empresas, no aprenden, no se obligan a innovar y lo mejor aún a salir de su zona de confort, en donde altos ejecutivos dicen: «no debemos cambiar esto, es que asi se hace en nuestra empresa desde hace muchos años». He visto empresas sólidas y fuertes, en donde el no creer que debamos aprender y ajustarnos a los cambios, se desploman como naipes, o en el mejor de los casos, en donde empresas menos rígidas y con mucha apertura han no solo crecido si no que han cambiado su mentalidad de pequeña a grande con el solo hecho de tener experiencias fuera de la caja, o mejor aún fuera del país, continente o porque no fuera de la tierra.
El tener la oportunidad de herramientas, que permitan tener ese contacto internacional no solo es enriquecedor si no que estimula a nuestros clientes internos a ese gusanillo de sí virtualmente es así, cómo será presencialmente el estar allí y compartir esas experiencias con quienes las experimentan todos los días. Creemos firmemente que el adoptar lo bueno de empresas internacionales nos permite crecer y adaptarnos a un mundo que, a hoy, mediante la virtualidad nos permite estar cada segundo actualizado y a internacionalizar nuestros procesos, mente y porque no, a futuro que empresas de otras latitudes sin afán de egos desmedidos, mejoren lo que ofrecemos.
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