No quiero sonar dramático, pero hay una (nueva) crisis que se está avecinando. Y es una crisis que va a perjudicar otra vez de pleno a las organizaciones y a su existencia. Es la crisis del talento. Pero cuidado, no es la clásica problemática de querer captar el mejor talento sino más bien de retener y/o mantener motivado e inspirado el talento que tienes actualmente en tu empresa. Ese talento sobre el que basa la empresa hoy su éxito, el buen funcionamiento, la capacidad de generar valor y de diferenciarse en su sector.
Pues bien, déjame decirte algo: Una gran parte de las organizaciones, de las personas, de los equipos están cansados, quemados, descontentos y con ganas de marcharse. Pero lo peor, muchos no lo están compartiendo abiertamente. Es más, se ha creado cierto silencio. Una cultura de no quejarse demasiado y de aguantarse ante la incertidumbre para no llamar la atención. Y cuidado, esto no lo recoge ninguna encuesta de satisfacción laboral. “Cuando todo esto pase me marcho.” Esto nos lo confesó un miembro de un equipo de Marketing de una gran multinacional con el que estuvimos trabajando el año pasado. Fue su reacción a unas medidas de recorte que la dirección había tomado durante los últimos meses. Pues le molestó… no por las acciones en sí sino por las formas. ¿Estaban estas medidas justificadas? Puede que sí. Pero este no es el tema ahora.
El tema es la desconexión y el descontento que se ha ido creando en algunas organizaciones mientras se ponía solo el foco desde que se inició la pandemia en cómo minimizar las pérdidas y recuperar el negocio. Pues bien, las empresas están comenzando a pagar la factura de esta estrategia de supervivencia.
Desde Saltor Talent y a través de nuestro trabajo con multitud de empresas a nivel global nos hemos dado cuenta de una cosa: Las personas han sufrido, han tenido que adaptarse y hacer cambios forzosamente. Y en todo esto han estado muy atentas a cómo se comportaba la empresa con ellos durante la crisis. Se ha creado malestar cuando…
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- No se ha querido entender bien las necesidades críticas de las personas.
- No se han respetado normas y valores establecidos (aquí se ha visto quién tenía realmente a las personas como un elemento central de su gestión y estrategia).
- No se ha generado un espacio de confianza para hablar honestamente de lo que pasaba.
Pues bien, una gran mayoría de empresarios y directivos ni se ha dado cuenta de todo esto… y tampoco ha querido darse cuenta. ¿Cómo puede ser? Muchas empresas y sus directivos aún siguen tratando de digerir los estragos y los cambios forzados por la pandemia del COVID-19. Están en modo de seguir adelante, pasar página rápido, acostumbrarse al primer tsunami y esperar a que las “aguas” se calmen por si solas. Desde Saltor Talent tenemos que hacer dos advertencias:
- Hay deberes que hacer con la organización. Hay que trabajar este malestar emocional.
- Entender que la llamada nueva realidad es la de tener que acostumbrarse a liderar un tsunami (crisis) tras otro, incluso tsunamis que se solapan.
Y es que muchos expertos lo plantean sólo como un “cambio continuo” cuando en realidad se trata más de una evolución disruptiva. ¿No lo ves así? Te invito a reflexionar sobre los modelos de gestión de siempre, las formas en las que solíamos hacer las cosas, la capacidad de gestionar conflictos, etc. son lo suficientemente efectivos para dar respuesta a los tsunamis a los que te vas a enfrentar.
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¿Cómo lo ves tú?










