«La sostenibilidad empresarial está lejos de ser un capricho o un apellido moderno.»
Poco a poco, y cada vez de manera menos discreta, el apellido sostenible se ha venido introduciendo en el día a día del mundo empresarial. Algunos lo ven con buenos ojos, otros con algo de escepticismo.
¿De dónde viene este apellido y por qué se está popularizando?
El sector empresarial es uno de los más importantes motores del mundo. Las grandes empresas han hecho muy bien su trabajo, siendo unidades mercantiles en las que intervienen el dinero y el trabajo como factores de producción, para capturar y producir dinero. Se dice incluso que por los grandes capitales que manejan y su indiscutible capacidad de influencia en los gobiernos, son ellos los empresarios quienes realmente gobiernan el mundo.
Por otro lado, las empresas no solo producen capital, sino que además producen un gran valor en el mundo al generar empleos y desarrollo social. No obstante, y sin desconocer lo anterior, en ese camino regido por lógicas meramente mercantilistas y productivas, han aparecido dos elementos que, en mi opinión, se han convertido en las mayores causas de la necesidad de introducir el término “sostenibilidad Empresarial”.
La primera, los límites éticos y morales transgredidos por cuenta de la rentabilidad, reflejados en la explotación laboral y en el trabajo infantil, así como en la indiferencia frente a los posibles impactos negativos que pueden tener ciertas actividades económicas en las comunidades. Y la segunda, las externalidades ambientales, es decir los impactos negativos que las actividades productivas y extractivas de las empresas generan en el planeta.
La “evolución hacia la sostenibilidad empresarial”
Aún vista en muchos escenarios empresariales como un tema romántico, blando y de poca importancia, es en realidad un requisito para mantener la vida como la conocemos. El cambio climático y sus efectos, el crecimiento demográfico exponencial y la condición de vulnerabilidad en las que muchas comunidades viven, forman un complejo problema global. El sector privado, como uno de los más importantes motores del mundo, no solo debe reconocer su responsabilidad para adoptar prácticas más éticas y responsables, sino que debe estudiar más juiciosamente y considerar los riesgos que involucran sus actividades económicas.
Escribiendo como emprendedor y como futuro empresario, pero sobre todo como alguien que busca cambios sistémicos para aliviar los problemas complejos que enfrenta el mundo, quiero dejarle una invitación al sector empresarial. Seamos responsables y miremos con un lente más amplio el espectro de los impactos y sus riesgos que producen nuestras actividades económicas. Impactos que se presentan en todas las partes interesadas de la cadena afectadas por nuestras actividades, convirtiendo al planeta en su mayor víctima.
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La urgencia que tiene el planeta de una consciencia frente a la sostenibilidad, nos exige ir más allá que saldar nuestra responsabilidad social generando empleos y las cuotas de RSE obligatorias. El mundo de hoy, más que nunca, nos exige pensar de manera sistemática, innovar, responsabilizarnos y permitirnos sacudir estructuras mentales, materiales y filosóficas, que no nos permiten cambiar de paradigma a la hora de crear y hacer negocios. Necesitamos un nuevo paradigma que en vez de pensar únicamente en maximizar las utilidades, equilibre su fórmula para producir dinero integrando estrategias para cuidar, compensar y producir valor a nivel social y ambiental.
De este modo, las empresas aunque tengan que cuidar los intereses de los accionistas, deben innovar y crear caminos para generar valor a todas las partes involucradas, es decir, empleados, cadena de valor y planeta, con la misma importancia. Es precisamente esto, a lo que en el mundo de la sostenibilidad se le llama el triple impacto o las 3 P: Planeta, Personas, Plata (en inglés Planet, People, Profit). Cada vez más empresas lo están haciendo, y si bien las recetas aún no son perfectas, muchas están moviendo sus estructuras para encontrarlas. Este esfuerzo, cada vez más se va posicionando en las empresas y una prueba de ello, es un sello llamado Empresa B, que certifica a las organizaciones cuando demuestran su apuesta de responsabilidad en estos tres ejes. A nivel mundial, esta organización californiana – Sistema B, ya con presencia en Colombia, cuenta con más de tres mil trescientas empresas certificadas en setenta y un países.
Tanto por estrategia, como por valores, necesitamos movernos rápidamente hacia este nuevo paradigma, y no esperar a reparar nuestra relación con el planeta cuando, más pronto que tarde, sea irreparable. Todo cambio de paradigma genera fricción porque choca con la historia, con las creencias y con el “siempre se ha hecho así”. Pero, este no es más que el curso natural de cualquier cambio.
Muy pronto, incluir métricas de triple impacto no será solo una cuestión de valores y de voluntad, sino que será una obligación porque el mercado así lo exige, y seguirá exigiendo cada vez más. Si así lo entendemos, y sabiendo que esto ya no es una opción, las preguntas más importantes serían: ¿De qué lado estamos? ¿Acelerándolo o resistiéndolo? Y si es resistiéndolo, ¿Cuánto tiempo y qué hace falta para dejar de hacerlo? La fricción parcialmente se entiende, porque este nuevo paradigma de alguna manera amenaza, lo que tradicionalmente el mundo empresarial más ha cuidado: el dinero y la utilidad. Sin embargo, esta fricción que se siente, no es nada comparada con los efectos que tendría el no prestarle atención, a nivel empresarial y a nivel global. Tanto se habla en el mundo de la consultoría sobre “manejo del cambio” que es hora de probar cómo lo abordamos, y si lo aprovechamos o nos arriesgamos a los efectos de no hacerlo.
Para terminar, unas preguntas y reflexiones
¿Queremos ser pioneros y ejemplos a seguir de responsabilidad y valores? o ¿Queremos ser los últimos que lo hicieron cuando el mercado no nos dejó otra opción? Recordemos que en el mundo de hoy, más que los productos, más que los servicios, y más que el dinero que seamos capaces de producir, lo que realmente necesita el mercado y pedirá cada vez más, son ética y valores. Valores que demuestren quiénes somos y de qué está hecha nuestra Organización.
La sostenibilidad empresarial está lejos de ser un capricho o un apellido moderno. Llegó para quedarse e incorporarla no solamente nos ayudará a probar quiénes somos, sino que, además y todavía más importante, le brindará al sector privado la posibilidad de demostrar que siendo “el gran gobierno global”, puede reconocer, replantear, evolucionar e innovar para proteger la vida y el planeta. Por convicción y por estrategia, los negocios que operen de manera sostenible, serán ahora y siempre, el mejor negocio. ¿Qué estamos esperando?
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