«Esta pandemia nos deja su mejor lección cuando nos hace reflexionar sobre las cosas que podríamos hacer en nuestras empresas si dejáramos de pensar que “vamos bien”.»
Nunca estamos listos, nunca lo estamos y esta pandemia, además de encerrarnos, no sólo nos está mostrando que no estamos atentos a nuestro entorno, sino que tampoco tenemos cursos de acción predeterminados para circunstancias que se salgan de nuestra “vida” empresarial ordinaria. Es claro que ni siquiera en los planes de continuidad del negocio de grandes multinacionales o bancos de renombre se encontraba la opción de “Pandemia Mundial” como uno de los escenarios a prevenir, sin embargo, lo que estamos presenciando actualmente nos permite ver que muchas empresas, grandes y pequeñas, nos estamos adaptando a una nueva realidad con herramientas que podríamos haber usado sin necesidad de la pandemia que nos ocupa.
Empiezan a volverse virales casos de agricultores que, sin la posibilidad de vender sus frutas y verduras a las cocinas de hoteles o restaurantes, recurren a las redes sociales para circular vídeos y publicaciones con ofertas de sus productos, alcanzando con entregas a domicilio a un público que no estaba en su horizonte hace unos meses. Hemos visto también famosos restaurantes, en la ciudad o sus afueras, que ofrecen menús a domicilio con la promesa de mantener la “experiencia” de sabor, calidad y excelencia por la que sus clientes pagaban importantes sumas en sus sedes hace unos meses, sólo que ahora lo hacen viviendo la experiencia en sus propias casas y con sus familias o de manera simultánea y organizada con grupos de amigos, también confinados.
Es evidente que la situación que vivimos nos ha despertado la solidaridad, la conciencia de que somos privilegiados y que podemos ayudar a otros de manera desinteresada. Esto ha ayudado a muchos empresarios, grandes y pequeños, a obtener nuevos clientes, clientes que quieren saber más de sus productos, que se solidarizan con su esfuerzo por vender, que los recomiendan y se hacen voceros de sus productos. Sin embargo, también es innegable que los humanos somos solidarios por naturaleza y que siempre reaccionamos favorablemente ante un buen producto, un buen servicio o la conciencia del esfuerzo que alguien está haciendo para salir adelante con su negocio. Luego, ¿era realmente necesaria esta pandemia para que se “despertaran” esas reacciones?.
Si un restaurante de las afueras de Bogotá hubiera ofrecido en el pasado mes de noviembre un menú a domicilio para un sábado o un domingo, ¿Habría llegado a oídos sordos? ¿Ni una sola familia habría pensado en las ventajas de disfrutar la calidad de esa comida y de esa “experiencia” gastronómica sin necesidad de tener que desperdiciar entre dos y tres horas en el carro por cortesía de los tradicionales trancones del fin de semana? Si nos hubieran ofrecido una experiencia “sensorial” en la que almorzamos el mismo plato de manera simultánea con un grupo de amigos, pero conectados por vídeo cada uno desde su casa, ¿Nadie lo habría considerado?.
Le puede interesar: El Reto de las Nuevas Dinámicas Organizacionales
Siendo realistas, si una empresa que se vio obligada hace unas pocas semanas a montar casi que a las carreras una plataforma de comercio electrónico para poder seguir facturando, lo hubiera hecho desde el año pasado o el anterior, sin afanes, con todas las pruebas de rigor, con las alianzas que la urgencia actual no le permitió establecer, con las revisiones internas (contenido, especificaciones técnicas, presupuesto, etc.) que ahora no pudo surtir por la premura, ¿No habría abierto un nuevo canal o, por lo menos, explorado una nueva ruta para llegar a sus clientes con muchos meses de antelación? ¿No habría generado esa facturación desde mucho antes? ¿No habría creado una base de clientes directos que antes no conocía?.
Desde el comercializador de suministros médicos que tiene pesadillas recurrentes por no haber importado desde enero cientos de millones de tapabocas a bajo precio hasta los emprendimientos dedicados a las entregas a domicilio que se han forjado durante la pandemia, todos quisiéramos haber visto este futuro desde hace meses. Que alguien nos hubiera anticipado el alcance que iba a tener.
La verdad es que estuvo frente a nuestros ojos. La verdad es que nos lo anticiparon. Pero no quisimos verlo. Preferimos seguir tan cómodos en nuestra realidad diaria que dedicarle unas horas al tema en febrero para buscar información que ya estaba disponible a nivel internacional no era una opción. Nuestra mal llamada “malicia indígena” tan proclive hacia el extremo oscuro no nos pellizcó para pensar mal y considerar lo que podría pasar en nuestro mercado o en nuestro país con la dichosa pandemia, declarada como tal el 11 de marzo por la OMS. Ni el colapso de las bolsas de valores ni la coyuntura de los precios del petróleo nos levantaron banderas amarillas sobre lo que podría venir en los siguientes meses.
En mi opinión, más que el famoso “valorar lo que tenemos”, esta pandemia nos deja su mejor lección cuando nos hace reflexionar sobre las cosas que podríamos hacer en nuestras empresas si dejáramos de pensar que “vamos bien”. Si abriéramos más nuestras opciones o consideráramos otros cursos de acción pensando que las cosas no siempre van a estar bien (o mejor, que van a estar tan mal que ni siquiera lo llegamos a imaginar), que no siempre vamos a tener vientos a favor o escollos que ya nos son familiares por ser recurrentes. Este año estamos aprendiendo a las malas lo que es la supervivencia, la necesidad de mantener la cabeza por fuera del agua, pero ese aprendizaje podría hacerse sin tanto dolor. ¿Si lo hiciéramos a diario sin necesidad de una pandemia? ¿Si lo interiorizamos hasta que se vuelva un reflejo? Podríamos ver cosas que hasta ahora permanecieron ocultas detrás de nuestra cortina de comodidad. Podríamos desarrollar ideas que antes parecían locas pero que ahora sólo nos parecen apropiadas y necesarias. Podríamos estar listos para todo: desde la caída del meteorito, la profecía Maya y las predicciones de Nostradamus hasta el surgimiento de nuestro competidor más aguerrido. Con seguridad no sabríamos en dónde nos encontramos, pero sabríamos cómo proceder. Gracias, pandemia, por abrirnos los ojos.
Lea también: Conversión Empresarial Corporativa










