«Una inversión en investigación y desarrollo (I+D) de drones colombianos resulta poco atractiva en un nicho donde hoy por hoy abundan empresas posicionadas a nivel mundial.»
Las primeras plataformas aéreas sin tripulantes en construirse se dieron en el ambiente militar, por supuesto, con amplios presupuestos de investigación y en medio de conocidas empresas, incluidas compañías fabricantes de aviones y helicópteros tripulados que presentaron al mercado mundial militar un producto de calidad y confiabilidad, que mejoraba las capacidades de su soberanía y defensa.
Mas adelante, entran los drones comerciales o de consumo, que impactarían a industrias como la topografía, agricultura, minería, cine y televisión, ofreciendo una combinación interesante entre hardware, sensores y software que las grandes compañías desarrolladoras dedujeron como una gran estrategia comercial; pero todas ellas contaron con puntos en común para iniciar su sueño: apoyo económico del estado y/o entidades privadas, la academia, jóvenes talentosos y una alta oferta de proveedores.
Colombia inicia sus operaciones con la fuerza Aérea Colombiana mediante aeronaves estratégicas norteamericanas de largo alcance con sensores de alta resolución en imágenes y con una autonomía de vuelo extendida por horas, que los hacen fuertes en la adquisición de grandes volúmenes de información para el análisis y la posterior toma de decisiones.
En la ultima década, paulatinamente aparecen en nuestro territorio los primeros drones comerciales o de consumo y esto hace que varias instituciones universitarias y empresas privadas dirijan sus esfuerzos a la investigación y desarrollo (I+D) pero también hacia la innovación de nuevas plataformas y durante años diferentes compañías nacionales surgieron en el comercio colombiano ofreciendo drones para diversos usos, pero lastimosamente con una baja demanda analizada de la siguiente manera:
APOYO ECONÓMICO
Empresas como la canadiense Precisión Hawk contaron con el apoyo de su gobierno, para que dos amigos iniciarán su emprendimiento y adecuarán su compañía con los mejores estándares, posicionándola hoy día con un 25% de ventas en el mundo, de igual manera, ocurrió con la multinacional China DJI donde la universidad apoyó a su joven dueño, con todos los recursos para iniciar las tareas necesarias en búsqueda de ser competitivo con sus multirrotores y como resultado de esa visión, actualmente tienen el 70% del mercado mundial.
Estas empresas, como otras se soportaron con capital de trabajo externo para iniciar con sus diseños, la fabricación de sus propios componentes, la adecuación de laboratorios, la construcción de túneles de viento necesarios para las pruebas, el desarrollo de sensores de diferentes resoluciones, el desarrollo de hardware y software´s de planeamiento y operación aérea, lo que al final dio como resultado un cliente final cautivado con un producto fácil de armar y desarmar (plug a play), fácil y seguro de transportar, con un software cómodo para planear y aún mas fácil para volar, de alta confiabilidad y bajo mantenimiento, adaptado a diversas circunstancias para diferentes industrias.
Desafortunamente, las políticas publicas colombianas no son próvidas para emprendimientos de esta categoría, al no disponer del presupuesto necesario que este desarrollo requiere, sino también, plantea requisitos que en oportunidades cierran posibilidades en las convocatorias a empresas y universidades que buscan surgir en esta línea tecnológica y que cuentan con equipos de trabajo competente y especializado, aunque en las invitaciones y programas de las diferentes entidades del estado se nombra la I+D+I como un objetivo fundamental, en la realidad no se refleja.
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También es cierto, que para la empresa privada la tecnología es una prioridad, pero una inversión en investigación y desarrollo (I+D) de drones en Colombia resulta poco atractiva en un nicho donde hoy por hoy abundan empresas posicionadas a nivel mundial; exponiendo un capital en un modelo potencialmente inseguro y una industria relativamente joven en el País.
Caso contrario, ocurre con la línea militar que para la Corporación de la industria aeronáutica colombiana (CIAC) perteneciente al Ministerio de defensa, logró fabricar y lanzar al mercado dos plataformas tácticas militares con excelentes resultados y en la actualidad trabaja con la empresa europea Airbus en la fabricación de un dron estratégico llamado “Atlante” que vislumbra competir con la serie de drones norteamericanos Hermes, todo esto con apoyo del gobierno Colombiano y el estado Español, para comercializarlo en la seguridad y defensa de de los Estados a un buen precio, debido a lo difícil en adquirir un sistema Hermes.
En conclusión, mientras en otras latitudes del mundo la I+D es valorada y vista de manera especial, apoyando a pequeños emprendedores con presupuestos necesarios para lograr objetivos, en Colombia ni el estado, ni la empresa privada, ni la academia logran cubrir los costos que esta industria requiere para finalizar con éxito un proyecto y la mayoría de empresas soñadoras terminan erogando de su propio bolsillo los altos precios de manufactura que esta industria demanda.
CREDIBILIDAD
Los colombianos tenemos una preferencia de comprar con confianza, dispositivos tecnológicos de marcas extranjeras, por supuesto, debido a un posicionamiento de los mismos en el mercado internacional como marca, con la seguridad de un producto de calidad y con garantías serias del fabricante, para el caso de los drones fabricados en Colombia este concepto no es la excepción.
El ingenio en el diseño y fabricación de varias compañías nacionales, ofreciendo aeronaves de ala fija y multirrotores de distintos usos es excepcional, sin embargo, ese concepto de “colombiano no compra colombiano” en el caso de los drones se cumple en un alto porcentaje por desconfianza, contrario a esto, he sido testigo directo de la inventiva de los ingenieros colombianos, quienes han desarrollado nuevas ideas de drones con cajas blindadas de protección a los equipos electrónicos, con concepto de avión económico – electrónica segura, dispositivos para emergencias haciéndolos mas seguros, alcanzando distancias a baja altura antes impensables, la innovación para desarrollar aeronaves VTOL (vertical take off landing) que mapean hasta 4.000 Has en un solo vuelo entre muchas mas, el trabajo expedito de empresas certificadas por la aeronáutica que día a día luchan con las uñas para sobrevivir mostrando sus mejores proyectos, no se irradia en la credibilidad del cliente demostrado en una baja rotación de ventas en estas aeronaves y por supuesto la ausencia de fabricación en serie de algún equipo, de tantos que ofrecen los ingenieros colombianos.
PROVEEDORES
Infortunadamente nuestro país no cuenta con empresas especializadas en la fabricación y comercialización de partes, dispositivos y accesorios para drones, por lo que Estados Unidos, China y Europa se tornan puntos fijos para comprar los componentes necesarios, que a la postre no incide en los costos como se pudiera pensar, pero sería mas interesante que la mayoría de ellos se fabricaran en Colombia.
Los grandes fabricantes en el mundo son autónomos en la producción de sus propias partes, a la par de esto; han aparecido otras compañías que han lanzado a la actividad comercial, dispositivos, componentes y softwares compatibles con equipos que son una línea de negocio rentable si se tiene en cuenta las alianzas estratégicas que hacen con quienes producen en serie y mantienen el mercado.
Lo anterior, incidiría en el precio, garantía y confianza del comprador colombiano, pero mucho mas en el emprendedor, algo que no sucede en la actualidad, pero se requiere de una política clara del estado y de la disposición de la empresa privada en apoyar con mayor firmeza los montos presupuestales en proyectos I+D+I, necesarios para la fabricación de aeronaves remotamente tripuladas con sello colombiano.
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