«Esto se trata de una revolución en la cultura laboral. Implica pasar de una mentalidad de mando y control a un estilo de liderazgo que confíe en que sus equipos sabrán organizar su trabajo.»
Antes de la pandemia, la creencia era que las oficinas eran absolutamente necesarias para mejorar la productividad, el arraigo de la cultura corporativa y lograr mantener a los mejores talentos. Pero la realidad lamentablemente no ha cambiado. En un mundo de personas hiperconectadas y emprendedores autónomos, las empresas siguen pensando que al cambiar la oficina por algo más moderno y lúdico, la cultura cambia por defecto.
Según una encuesta realizada por McKinsey el 2021, a unos 1.500 trabajadores que dejaron voluntariamente sus puestos de trabajo, sin tener otro en vista, el 44 % dijo que tiene poco o ningún interés en volver a los puestos tradicionales en los próximos seis meses. Esto es lo que se conoce como la gran renuncia (The Great Reshuffle). La norma sigue siendo ofrecer un trabajo fijo en un lugar fijo y con un horario presencial establecido. Y los colaboradores siguen haciendo las tareas asignadas, recibiendo un sueldo, y teniendo un cierto grado de seguridad económica. Las organizaciones siguen pensando que esto es lo que se requiere para atraer talento. Pero este modelo cada vez es más visto como poco productivo, escasamente satisfactorio para el colaborador y nada eficaz para las empresas.
Las organizaciones deben cambiar radicalmente sus creencias respecto del trabajo. No pueden seguir creyendo que, con aumentos de sueldos, oficinas bonitas, beneficios y seudo flexibilidad van a mantener y atraer al mejor talento.
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En la era del trabajo inteligente (smart working), debemos basarnos en la concepción de que las personas son dueñas de su tiempo, ellas deciden cuándo y dónde trabajar. Hagan el ejercicio y piensen en qué horario son más productivos y productivas. Algunas personas llegan temprano (en mi caso soy super productiva de 6 de la mañana a 13 hrs), otras personas son más productivas en la noche y algunas cada dos horas. Entonces ¿Por qué tenemos que limitar a nuestro equipo a trabajar en el horario en el que son menos productivos?
Acá 4 tips para evitar la gran renuncia:
- Redarquía: Delegar responsabilidades al equipo es mucho más efectivo que solo asignarle tareas.
- Mayor confianza en los colaboradores: Si solo damos instrucciones, se limitarán a cumplirlas, pero si les damos responsabilidad, se sentirán motivados para ir más allá.
- Flexibilidad horaria o tiempo parcial: las personas que tienen un mejor equilibrio de vida personal y laboral son más productivas.
- Recompensar resultados: el concepto de “trabajo” ya no es una actividad que se realiza en una oficina en cierto horario, sino que es un proceso para conseguir resultados. Por eso la compensación debe ser por resultados logrados.
Esto se trata de una revolución en la cultura laboral. Implica pasar de una mentalidad de mando y control a un estilo de liderazgo que confíe en que sus equipos sabrán organizar su trabajo. Las personas que trabajan en estas empresas se sentirán empoderadas, decidirán dónde y cuándo trabajar. Y Los líderes se convertirán en facilitadores sacando lo mejor de las personas, motivándolas y dándoles apoyo, y principalmente: confiando.
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